COVID persistente o síndrome postvacunal: ¿dos nombres para el mismo fenómeno?

 

Durante los últimos años nos han vendido dos historias separadas, como si fueran dos enfermedades distintas, y hemos aceptado sin demasiada discusión que el COVID persistente es una entidad clínica reconocida, mientras que el llamado “síndrome postvacunal” permanece en los márgenes, como término incómodo, discutido o directamente deslegitimado.

Pero ¿y si el problema no fuera biológico, sino semántico? Veamos:

Por un lado, el COVID persistente (o long COVID): miles de personas que, después de pasar el virus, siguen arrastrando fatiga extrema, niebla mental, dolor muscular, taquicardias, problemas de coagulación, pérdida de olfato, insomnio, inflamación crónica... “Secuelas del virus”, nos dicen. “El virus es el culpable”.

Por otro lado, el síndrome postvacunal: personas que, tras recibir la inyección contra el COVID, desarrollan exactamente los mismos síntomas. Fatiga incapacitante, niebla cerebral, disautonomía, miocarditis, coágulos, problemas neurológicos, autoinmunidad... Pero aquí la versión oficial cambia: “coincidencia”, “ansiedad”, “no está demostrado”, “casos aislados”, “beneficio supera el riesgo”.¿Casualidad? ¿De verdad alguien se cree que dos procesos que producen idénticos daños en el mismo organismo son dos cosas diferentes?

  • Se nos explicó que el presunto nuevo coronavirus SARS-CoV-2 producía proteína spike.
  • Se nos explicó que las vacunas revolucionarias obligan al cuerpo a producir spike. La misma proteína.

O sea que tanto la infección como las vacunas de ARNm exponen al organismo al mismo antígeno viral: la proteína spike, y los síntomas del long COVID y del síndrome postvacunal son clínicamente indistinguibles. Claro que reconocer que son el mismo proceso implicaría admitir algo demasiado incómodo: que una parte importante del daño que hoy llamamos “long COVID” no lo causó el virus, sino la vacuna. Se trataría de una iatrogenia a escala global.

Si miramos la cronología, las campañas masivas de vacunación arrancaron en diciembre 2020 y explotaron en 2021, con miles de millones de dosis administradas en todo el mundo. Entonces, el 6 de octubre de 2021 la OMS sacó su definición oficial de “condición post-COVID-19” para etiquetar como “secuelas del virus” lo que muchos empezaban a sufrir tras la inyección. Justo a tiempo para mantener la narrativa de “las vacunas son seguras”.

La banca nunca pierde.