El plasma de los vacunados

 

El análisis de las donaciones de sangre para la extracción de hemoderivados está aportando información relevante en relación con el COVID-19. 

Así, un artículo muestra que de las 13 preparaciones de inmunoglobulinas (anticuerpos) intravenosas analizadas, elaboradas a partir de donantes sanos prepandémicos, 9 ya presentaban reactividad cruzada con los antígenos S1 (spike) del SARS-CoV-2, y algunas de ellas con títulos de anticuerpos tan altos como los observados en pacientes infectados con COVID-19. 


La explicación está en que esos donantes sanos conservaban esos anticuerpos generados en contactos previos con la proteína spike natural de los coronavirus que cada invierno causan el resfriado común, junto con los rinovirus. Es decir, que existía inmunidad humoral cruzada previa en parte de la población.

Por otra parte, este otro artículo muestra cómo las preparaciones de inmunoglobulinas intravenosas recientes contienen crecientes niveles de anticuerpos anti-proteína spike, debido a la vacunación. Los efectos no se analizan.


Claro que esta proteína no es la proteína viral completa en su contexto estructural natural, sino una versión estabilizada y expresada de forma aislada. Es una proteína recombinante obtenida por ingeniería genética en un laboratorio, o bien sintetizada a través de un ARNm también de laboratorio. Que no, no es lo mismo, como tampoco es lo mismo encontrarse un parachoques en una cuneta o toparse con el de un coche que te viene de frente.

Y como tercer dato, y este nos pilla de cerca, cuatro recientes alertas de farmacovigilancia por aumento de reacciones de hipersensibilidad en pacientes receptores de inmunoglobulinas intravenosas en España, con las consiguientes retiradas de los lotes implicados:

Hay que tener en cuenta que el plasma con el que se han fabricado procede de donantes de los que la gran mayoría ha recibido vacunas de ARNm. Estas vacunas, además del propio ARNm recombinante para generar proteína spike y anticuerpos contra ella, contienen excipientes como lípidos complejos y polietilenglicol (PEG), que también genera anticuerpos: los anticuerpos anti-PEG. 

Y ya son varios los estudios que atribuyen parte de los efectos adversos de las vacunas de ARNm precisamente a los anticuerpos anti-PEG que genera sus excipientes.


Por tanto, puede que el aumento detectado de reacciones en los pacientes que reciben inmunoglobulias intravenosas se deba a que se les están inyectando con ellas los anticuerpos anti-PEG de los donantes vacunados.

¿Se habrá analizado si estos lotes presentaban niveles elevados de anticuerpos anti-PEG...? 
¿Se habrá estudiado su posible contribución a las reacciones observadas...? No se nos dice.

Las inmunoglobulinas intravenosas son un espejo de la sangre de la población. Si la sangre de la población cambia, el producto cambia, eso es evidente. 

La cuestión es si estamos midiendo sus consecuencias.


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