Alzheimer, Aluminio y Sílice (II)


En Alzheimer, Aluminio y Sílice (I) nos centramos en un estudio en el que la administración de agua rica en sílice reducía los niveles de aluminio en el cuerpo, y se acompañaba de una mejoría de los síntomas del Alzheimer en un grupo de pacientes.

No se conoce ningún papel biológico del aluminio. El objetivo de la Medicina Sustractiva es eliminar hábitos y prácticas que puedan ser nocivas para nuestra salud. Desde este punto de vista, si el acúmulo de aluminio a nivel cerebral pudiera estar participando en el desarrollo del Alzheimer, ¿qué posibles vías habría podido seguir ese aluminio para acceder al organismo? Veamos:

  • La absorción vía oral

Una vía de entrada que resulta evidente podría ser la ingesta vía oral, por ejemplo a través de varios medicamentos antiácidos compuestos de hidróxido de aluminio (MaaloxAcyline)...

Sin embargo, la vía oral no se considera peligrosa, puesto que la absorción intestinal del hidróxido de aluminio es casi nula, ya que reacciona con el ácido gástrico dando lugar a cloruro de aluminio. Ya en el intestino, los iones de aluminio forman con los fosfatos de la dieta complejos insolubles que se eliminan por las heces. El escaso hidróxido de aluminio que llega a absorberse se elimina vía renal.

  • La inhalación con el humo de tabaco

Entre los múltiples componentes tóxicos del tabaco se encuentran los metales pesados, entre ellos el aluminio. Poco que añadir a este vicio tan dañino para la salud como rentable para los gobiernos.

  • La absorción por la piel
Hay muchos envases de aluminio en cremas, desodorantes y perfumes. Sin embargo la piel representa una buena barrera defensiva y la absorción transcutánea de aluminio es muy baja (BFR).

Ahora bien, hay otras posibles vías de entrada que hasta ahora no se han analizado en profundidad, y cuya relevancia ha podido ir en aumento en los últimos años:
  • Inyección como adyuvante en vacunas
Investigadores como Shoenfeld asocian las numerosas inoculaciones conteniendo adyuvantes de aluminio en la infancia y juventud con la aparición de enfermedades autoinmunes y daño neurológico. Las personas mayores a las que más afecta el Alzheimer no suelen recibir tantas vacunas de ese tipo, salvo últimamente la del neumococo. Un tema para seguir investigando.
  • Implantes dentales y prótesis

Ambos productos metálicos están en contacto permanente con el medio interno del organismo, y por tanto encajan en un posible efecto acumulativo en el caso de que fueran liberando aluminio de forma constante. En el caso de los implantes dentales de aluminio, no habría peligro por su paso a la saliva, lo mismo que con los dentífricos, por la casi nula absorción digestiva que supondría, pero cabría la posibilidad de su difusión directa por la encía hacia el cerebro. Algo digno de estudiar.

  • Inhalación de aerosoles en envases de aluminio
Si la piel supone una buena barrera defensiva frente al aluminio de los aerosoles, su uso en forma de inhaladores podría en cambio permitir su entrada directa a los pulmones y la circulación. Hay muchas personas mayores con problemas respiratorios que usan a diario inhaladores con envases de aluminio, algo que encajaría con un posible peligro de acumulación y con la aparición tardía de la enfermedad de Alzheimer.

Esta última reflexión nos da pie para una 3ª parte: ¿Existe correlación entre patologías respiratorias como la EPOC y el Alzheimer...?


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