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Consejos televisivos...

Con la inmejorable perspectiva que da el paso del tiempo, resulta sorprendente ver cómo desde la caja tonta se nos incitaba hace unos años al consumo de tabaco de una forma tan irresponsable y criminal. Yo fui uno de los millones que cayeron en la trampa, y fumé. Cada uno debe cuidarse de sí mismo, así que entono el mea culpa...


No obstante, algo he aprendido: lo que repiten en la tele machaconamente puede ser una gran mentira, y hacerle caso puede poner en riesgo nuestro bien más preciado: la salud.

Llevamos año y medio con una interminable letanía de consejos, recomendaciones y cuasi órdenes de obligado cumplimiento por parte de los personajes más variopintos devenidos en expertos sanitarios, desde folclóricas a presentadores de telediario, desde futbolistas a (¡horror!) verificadores y tertulianos.

Si finalmente no viene el fin del mundo, quienes vivan dentro de unos años tendrán una hemeroteca descomunal para enjuiciar a estos personajes y ponerlos en su sitio: santos benefactores de la humanidad o irresponsables telepredicadores de pacotilla...

Yo, por lo pronto, hace más de un año que dejé de ver la tele, por el bien de mi estómago.

El blog se va a abrir a otros campos que han sido postergados por el monotema covidiano, intentando ser fiel a su espíritu inicial: si algo te sienta mal, sustráelo de tu día a día, aunque en la tele te digan lo contrario. 


¿Y la iatrogenia, y el tabaco...?

 

Múltiples estudios hablan del gran número de ingresos hospitalarios y fallecimientos debidos a efectos no deseados de los fármacos, y diversas organizaciones claman con razón por un uso más racional de los medicamentos.

Sorprende que ante el COVID-19, una enfermedad cuyo mecanismo no está ni mucho menos aclarado, las administraciones políticas y sanitarias promuevan y hasta exijan a toda la población que se deje administrar de forma inmediata unos fármacos nuevos, mal llamados vacunas, cuyo tiempo de desarrollo ha sido de meses, y cuyos efectos a medio y largo plazo, tanto positivos como adversos, se desconocen.

¿No se teme aquí a la posible iatrogenia...?

En salud debería regir el principio de prudencia, porque las prisas suelen ser malas consejeras.

Sorprende también que en medio de otrora impensables recortes de derechos y libertades en pos de la salud de la población, se siga permitiendo la venta y consumo de tabaco, un producto cuya toxicidad está fuera de cualquier duda y que no produce beneficio alguno, salvo el que obtienen los estados vía impuestos. 

Parece que el lema aquí es: "mátate si quieres, y mata a los de tu alrededor, pero paga".


INCOHERENCIA




El tabaco: un vicio rentable...




Según cifras de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), el tabaco mata a más de 7 millones de personas al año en el mundo, de las cuales el 85% (más de 6 millones) son consumidores directos y el 15% (unos 890.000) son fumadores pasivos, es decir, mueren por el humo que les echan los demás. Un dato escalofriante.

En España, donde casi un 25% de la población fuma a diario, el tabaco ocasiona más de 50.000 muertes al año (más que el coronavirus), representando el 13% de las muertes totales: está detrás de hasta 8 de cada 10 casos de cáncer de laringe y pulmón, y de la mitad de los de vejiga y orofaringe, entre otros...



Sobran por tanto los motivos para sustraer el tabaco de nuestras vidas, no sólo no fumando, sino exigiendo el cumplimiento de la Ley Antitabaco, una  ley que seguramente fue la mejor de las que hizo Rodríguez Zapatero en su Gobierno.

Resulta casi esperpéntico que durante el estado de alarma declarado con ocasión de la pandemia por coronavirus, al amparo de la protección de la salud de nuestra sociedad, se nos haya prohibido salir a la calle, pasear por los parques o ir al monte a respirar aire puro, pero se haya respetado el presunto derecho de los fumadores a salir a por tabaco. ¿Por qué...?

Parece que sustraer a la gente el tabaco es algo inconcebible para los gobernantes de hoy. ¿Existe un derecho a fumar recogido en alguna carta fundamental, como la de los Derechos Humanos...?

Pues no. Lo que existe es un negocio montado en torno a esta práctica tan dañina, un negocio del que los estados no son ajenos, pues resultan beneficiados por la vía de una sustanciosa recaudación de impuestos. Veamos la otra cara de la moneda...

En 2019, el Estado recaudó por vía del impuesto al tabaco nada menos que 6.500 millones de euros.
Un gasto que equivale al gasto farmacéutico hospitalario anual, que está en unos 6.800 millones de euros, del que unos 1.800 millones corresponde al gasto farmacéutico en medicamentos oncológicos.

Es decir, que con lo recaudado con el tabaco, el Estado no sólo tiene para pagar los tratamientos contra el cáncer, sino que le sobran 4.700 millones para sufragar el resto del gasto hospitalario.

Lo importante es la pela...?