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El eje intestino-cerebro: Un diálogo invisible que moldea nuestra salud

 

El cuerpo humano no está formado por compartimentos estancos, sino por sistemas intrincados que trabajan en conjunto para mantenernos saludables. Uno de los más fascinantes es el eje intestino-cerebro, un canal de comunicación bidireccional que conecta el sistema digestivo con el nervioso, el cuerpo con la mente, y que desempeña un papel crucial en la salud física, mental y emocional.

Se trata de una compleja red que permite que el sistema nervioso central (formado por el cerebro y la médula espinal), y el sistema nervioso entérico (el "segundo cerebro", ubicado en el intestino) interactúen entre sí. En ella participan:

  • Nervios como el vago, una autopista directa entre cerebro y tracto gastrointestinal.
  • Hormonas como la serotonina, de la cual el intestino produce más del 90%, que afecta el estado de ánimo, el apetito y el sueño.
  • Células inmunitarias, de las que el intestino alberga el 70%, que influyen en la inflamación.
  • Microbiota intestinal: Billones de bacterias que producen sustancias que influyen en el cerebro.

La comunicación se da en las dos direcciones:

  • Del intestino al cerebro, los microbios intestinales producen sustancias químicas como los neurotransmisores, que impactan en la función cerebral. Por eso los cambios en la microbiota intestinal pueden alterar el estado de ánimo y la percepción.
  • Del cerebro al intestino, los estados emocionales pueden alterar la motilidad intestinal, la secreción de moco y la composición de la microbiota. También las señales del cerebro pueden activar el sistema inmunológico intestinal, provocando inflamación crónica.

Esto se refleja en una amplia gama de procesos patológicos, tanto digestivos como el síndrome del intestino irritable, como mentales como la depresión, la ansiedad y otros trastornos psiquiátricos, que se asocian frecuentemente con desequilibrios en la microbiota.

También se se han observado cambios en la microbiota intestinal en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y el Alzheimer, y se ha visto que durante la infancia, un intestino saludable es crucial para el desarrollo cerebral, y algunos estudios sugieren que un desequilibrio en la microbiota podría estar relacionado con trastornos como el autismo.

Así, un trabajo ha encontrado alteraciones en la mucina (proteína del moco intestinal) asociadas con la disfunción inmunológica en niños autistas.

Y otro trabajo ha encontrado bajos niveles relativos de la bacteria mucolítica Akkermansia muciniphila y de Bifidobacterium spp en heces de niños con autismo.

                                 Akkermansia muciniphila                  Bifidobacterium spp

En un mundo polimedicado como el actual, donde la farmacia se ha convertido en centro de peregrinación semanal, quizá los tratamientos revolucionarios van a consistir no en nuevas sustancias complejas patentadas por la Big Pharma, sino en el uso de bacterias tan antiguas como la Creación.

De hecho, Andrew Wakefield, el médico más vilipendiado por haber osado relacionar la vacuna triple vírica con el autismo, ejercía su especialidad en gastroenteorología. A ver si con los nuevos vientos que parece que empiezan a correr es rehabilitado como sin duda merece.

Andrew Wakefield

Por otra parte, para mantener un eje intestino-cerebro saludable se recomiendan cosas tan básicas como una dieta equilibrada, con alimentos ricos en fibra, prebióticos y probióticos, ejercicio regular, sueño adecuado, y claro, no dañar la microbiota intestinal con antibióticos innecesarios.

Vamos, como para todo, sentido común. El menos común de los sentidos.


¿Infección o disbiosis?

 

Teniendo en cuenta que el cuerpo humano está constituido por 10 billones de células y 100 billones de bacterias, deberiamos utilizar el término "infección" con un poco de prudencia, ya que en muchos casos el término más adecuado a utilizar sería el de "disbiosis"...

"Infección" se refiere a la invasión y multiplicación de un microorganismo patógeno en un organismo. Este microorganismo generalmente no forma parte de la flora normal, y puede desencadenar una respuesta inmune con síntomas como fiebre, dolor e inflamación.

"Disbiosis" describe un desequilibrio en la comunidad de microorganismos que ya viven en el organismo de forma normal. Esto puede implicar que algunas bacterias "buenas" disminuyan o que microorganismos "malos" se multipliquen en exceso, lo cual se asocia a problemas crónicos, alergias y enfermedades autoinmunes.

El término "disbiosis" fue acuñado a principios del siglo XX por el microbiólogo ruso Iliá Méchnikov, que ganó el Premio Nobel en 1908 por sus investigaciones en Inmunología.

Iliá Méchnikov

Méchnikov observó que ciertas bacterias intestinales producían toxinas y compuestos perjudiciales, y sugirió que su acumulación en el organismo podía contribuir al envejecimiento y al desarrollo de enfermedades crónicas. Su teoría era que un equilibrio adecuado en la flora intestinal era esencial para mantener la salud, mientras que un desequilibrio o "disbiosis" contribuía al deterioro corporal. 

Méchnikov propuso el consumo de ciertos alimentos fermentados, como el yogur, que contienen bacterias beneficiosas, para restablecer el equilibrio microbiano.

Lactobacillus bulgaricus

La fermentación láctica ya era utilizada por los tracios que vivían en la actual Bulgaria hace más de 8.000 años. Al parecer la descubrieron al transportar la leche fresca de oveja en sacos de piel de cabra. Así obtuvieron el yogur y el queso, los primeros alimentos probióticos del mundo.

La bacteria causante de la fermentación láctica, Lactobacillus bulgaricus, fue descubierta en 1905 por el doctor búlgaro Stamen Grigorov. Esta bacteria bloquea la proliferación de otras que son patógenas, con lo que efectivamente retrasa el proceso de envejecimiento del organismo humano, tal como defendía Méchnikov.

Isaac Carasso, nacido en 1874 en la ciudad griega de Salónica, y de origen sefardí, conoció el valor nutritivo del yogur en sus viajes por Bulgaria. Al comienzo de la Primera Guerra Mundial se estableció en Barcelona y decidió comercializarlo bajo el nombre de Danone, en honor a su hijo Daniel.

La comercialización no fue fácil en un principio, pero la promoción de sus propiedades saludables por el premio Nobel de Medicina Méchnikov la impulsó, y se extendió por todo el mundo. 

Actualmente, el término "disbiosis" se refiere a un desequilibrio en la microbiota que puede estar asociado con una amplia gama de problemas de salud, incluyendo enfermedades digestivas, metabólicas, autoinmunes y trastornos mentales.

Confundir la disbiosis con una infección puede llevar a tratamientos incorrectos. Por ejemplo, usar antibióticos de amplio espectro para tratar una disbiosis puede empeorar el problema al eliminar aún más bacterias beneficiosas y desequilibrar más la microbiota. Suele ser más efectivo restaurar el equilibrio mediante cambios en la dieta, probióticos o prebióticos.

Hace unas décadas, resultaba de lo más común que ante una diarrea el médico prescribiera un medicamento, hoy retirado, compuesto de 3 antiinfecciosos intestinales:

Quizá hubiera sido más lógico recetar la toma unos días de yogur...

Por cierto, los Danones al principio se vendían en las farmacias. Como la Coca-Cola.


Desmedicalizando la granja

 


Hablar de las bondades de la microbiota es muy bonito, pero pasar del dicho al hecho es algo a lo que pocos se atreven...


La granja porcina L’Albeitar de Guaso, cerca de Aínsa (Huesca), ha sido galardonada con el premio a la "mejor iniciativa para la prevención de infecciones en sanidad animal", uno de los Premios del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), que se crearon en el año 2017 para reconocer aquellas iniciativas que contribuyan a la estrategia nacional frente a la resistencia bacteriana.

En estrecha colaboración con el equipo de investigación de Juan Miguel Rodríguez Gómez, de la Universidad Complutense de Madrid, la Ligilactobacillus salivarius MP100 extraída de la leche de las cerdas, se fermenta y se suministra a los lechones como complemento en el pienso, logrando cambiar el perfil de la microbiota y consiguiendo reducir las infecciones y mejorar la producción, sustituyendo el anterior uso profiláctico o metafiláctico de antimicrobianos.

Una iniciativa valiente y un premio totalmente merecido. ¡Que cunda el ejemplo!

Fuente: Diario del Alto Aragón


El intestino, la puerta de la salud

 

El intestino es un órgano fundamental en la salud y la enfermedad. Los eventos que tienen lugar en el intestino durante los primeros años de vida contribuyen a la programación, configuración y puesta a punto de órganos distantes, lo que tiene consecuencias para toda la vida. 

En este contexto, el intestino materno juega una quintaesencia en la programación de la glándula mamaria para hacer frente a los requisitos nutricionales, microbiológicos, inmunológicos y neuroendocrinos del bebé en crecimiento. Posteriormente, el calostro humano y la leche proporcionan al bebé una impresionante variedad de nutrientes y componentes bioactivos, incluidos microbios, células inmunes y células madre. 

Por tanto, el eje que une el intestino materno, el pecho y el intestino del lactante parece crucial para un correcto crecimiento y desarrollo infantil. Esta es la base de la promoción de la lactancia materna y de la estrategia de los hospitales "Amigos de los niños", como el de Barbastro.


Fuente: Eje intestino-pecho


Microbiota: los microbios buenos

 


Frente a la creencia establecida de que todos los microbios eran perjudiciales, el biólogo estadounidense Joshua Lederberg acuñó en 2001 el término microbioma para describir como los microorganismos simbióticos y nosotros formamos una gran unidad metabólica. 

Lederberg entendió que el conjunto de bacterias que colonizan las partes de nuestro organismo que tienen una comunicación con el exterior como la piel, la boca y todo el tubo digestivo, la nariz y todo el aparato respiratorio, el oído y el aparato genital, en realidad nos protegían. Hoy se considera esta microbiota como un órgano más del cuerpo. 

Estas bacterias se adquieren sobre todo en el momento del parto natural y durante la lactancia materna, y van evolucionando a lo largo del ciclo vital. El volumen que llegan a alcanzar es impresionante: se calcula que en el tubo digestivo hay 100 billones de bacterias que suponen una masa de 6 kilogramos. La función de la microbiota es doble:

  1. Actuar como una barrera de protección frente a microorganismos patógenos y sustancias químicas tóxicas presentes en el ambiente, sirviendo de soporte del sistema inmune.
  2. Participar en el metabolismo y el balance energético ayudando a digerir los alimentos, produciendo vitaminas como la K y la B12, regulando la secreción de insulina... 

De ahí que la alteración de la microbiota se asocie con un mayor riesgo de infecciones, enfermedades autoinmunes y metabólicas, y cáncer. A preservarla ayuda seguir una alimentación sana, hacer ejercicio y dormir bien, así como evitar el tabaco y los tóxicos ambientales y la sobremedicación, sobre todo de antibióticos, que la destruyen. De ahí surge la idea de intentar revertir el daño mediante la administración de probióticos, es decir, microorganismos vivos reparadores del equilibrio.

Estos principios beneficiosos son lógicamente aplicables al mundo de la producción animal, donde lamentablemente hay una práctica consolidada de abuso de antibióticos que, irremediablemente, acaban incorporándose a la cadena alimentaria. 

¿Hay estrategias alternativas viables...? Sí: L’Albeitar S.C. las ponen en práctica a diario con éxito en su granja de Guaso. Su trabajo "Sustitución del uso profiláctico o metafiláctico de antimicrobianos en granjas porcinas por un pienso fermentado con Ligilactobacillus salivarius MP100. Relevancia desde el punto de vista de las resistencias antimicrobianas, consumo de antibióticos, salud animal, producción animal, medio ambiente y características de las canales de los animales tratados" ha recibido el premio en la categoría de "Mejor iniciativa para la prevención de infecciones en sanidad animal", dentro del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN) de la AEMPS.

¡Enhorabuena!