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Riesgos del aspartamo

 

La OMS ha clasificado el aspartamo como posiblemente carcinógeno para los seres humanos con una "evidencia limitada"...

El aspartamo (E951) es un edulcorante no calórico que se comercializa bajo marcas como Natreen, y se encuentra en numerosos alimentos bajos en calorías. Al digerirse se descompone en los aminoácidos ácido aspártico y fenilalanina y una molécula de metanol...

El metanol a dosis muy superiores resultaría neurotóxico, pero al ser el aspartamo 200 veces más dulce que el azúcar se usa en cantidades muy bajas. Por otra parte, la evidencia de su carcinogenicidad, estudiada a altas dosis en ratas, parece poco concluyente.

Con esa composición y vía oral no lo veo peligroso, pero yo para el café prefiero el azúcar.


Estudio italiano: 9 linfomas tras vacunación COVID

 


El equipo del Dr Luigi Cavanna del Departamento de Oncología y Hematología del ASL de Piacenza informa en un artículo de primeros de 2023 de un caso de un hombre de 66 años que presentó una linfadenopatía axilar derecha aproximadamente 10 días después de recibir la tercera dosis de la vacuna BNT162b2. Posteriores exámenes mostraron un linfoma no Hodgkin (LNH) en estadio II. El paciente fue tratado con quimioterapia y se encuentra bien y en remisión completa. 

Los doctores italianos revisaron la literatura y encontraron ocho casos adicionales de LNH desarrollados poco después de la vacunación COVID:

  • En cuanto al tipo de linfoma, hubo cuatro casos de linfoma difuso de células B grandes (DLBCL), un caso de linfoma extranodal de células NK/T, un paciente con linfoma de células T similar a paniculitis subcutánea, un caso de linfoma de células B de la zona marginal y un linfoma anaplásico cutáneo primario de células grandes (PC-ALCL). 

  • En cuanto a la vacuna, en cinco casos el linfoma se desarrolló después de la vacuna ARNm de Pfizer, uno tras la de Moderna, uno tras la de adenovirus de AstraZeneca y otro tras la de Janssen. 

Las conclusiones del estudio son las siguientes:

"Somos conscientes de que el vínculo entre la vacunación contra la COVID-19 y el linfoma probablemente sea un fenómeno fortuito, y que las vacunas contra la COVID-19 representan productos muy eficaces para muchas personas en todo el mundo. Sin embargo, creemos que los eventos clínicos, incluso si solo están asociados temporalmente con tratamientos o vacunas novedosos, deben informarse para beneficio de los pacientes y la comunidad científica".

Como debe ser.


Trasplantes, inmunosupresores y cáncer

 

Ya en una anterior entrada del blog tratamos el tema de la vigilancia inmunológica, es decir, el control del desarrollo de tumores por parte del sistema inmunitario.

Ahora, el Boletín del Grupo de trabajo Farmatrasplante de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria de mayo de 2023 trae la revisión "Proceso oncológico tras el trasplante". Los datos son impactantes:

La incidencia de cáncer en los receptores de trasplantes de órgano sólido es superior a la de la población general y es mayor al aumentar los años postrasplante:

  • 1 año postrasplante: 1-2%
  • 5 años postrasplante: 5-6%
  • 10-15 años postrasplante: 11-20%
  • 20 años postrasplante: 32%

Entre las causas que pueden conducir a la aparición de cáncer tras el trasplante de órgano se encuentra el uso de fármacos inmunosupresores, necesarios para evitar el rechazo del órgano. Se ha demostrado que su uso durante un largo periodo tiempo y/o a dosis elevadas puede aumentar su incidencia.

Los mecanismos que intervienen en el desarrollo de neoplasias debidas al uso de estos fármacos son variados:

  • La inmunodeficiencia a largo plazo puede aumentar el riesgo de neoplasias malignas provocadas por la activación de oncovirus latentes, como son el virus Epstein-Barr (VEB), el virus del papiloma humano (VPH) o el virus de la hepatitis C (VHC) entre otros.
  • La mayoría de los fármacos inmunosupresores tienen un mecanismo de acción inespecífico que provoca que se reduzca la inmunovigilancia de las células neoplásicas. Esto facilita la proliferación de estas células.
  • Algunos de los fármacos inmunosupresores tienen propiedades prooncogénicas al reducir la reparación del ADN, la angiogénesis y aumentar la invasividad celular.

Como ya vimos en el uso de células madre, tampoco son todo luces en las terapias de trasplante, y la sombra del cáncer es alargada.


El problema de las células madre

 


Hace unos años los medios de comunicación lanzaban mensajes optimistas de que la investigación médica en células madre iba a revolucionar el campo de los trasplantes. La realidad es que hoy en día esas amplias expectativas solo se han alcanzado para las terapias de autotrasplante en las que las células madre o progenitores hematopoyéticos del propio paciente se recolectan y se almacenan previamente para su posterior readministración tras un tratamiento intensivo de quimioterapia o radioterapia que destruye tanto las células sanguíneas normales como las células cancerosas. 

¿Por qué no se ha avanzado más? La respuesta se puede vislumbrar en el artículo "Epigenetic mechanisms of tumorigenicity manifesting in stem cells", donde se explica que uno de los mayores obstáculos para utilizar células madre como base para terapias de medicina regenerativa es su tumorigenicidad. 

Desafortunadamente, las habilidades únicas de las células madre para auto-renovarse y diferenciarse en distintos tipos de células están mecánicamente vinculadas a su capacidad de desarrollar tumores. Los mecanismos subyacentes en esta estrecha relación parecen involucrar a la epigenética, es decir, a cómo los genes de la célula son "activados" o "desactivados" influenciados por factores del entorno de las otras células circundantes, así como por factores ambientales como la nutrición, el estilo de vida, el envejecimiento o el estrés. 

Además de con el cáncer, la alteración de la maquinaria regulatoria epigenética se relaciona con otras enfermedades como la diabetes, las enfermedades neurodegenerativas y cardiovasculares.

La célula no está sola: es ella y su entorno. Cuidado con el excesivo intervencionismo médico a nivel celular. Recordemos que la prudencia es la madre de la ciencia.


Supresión de la inmunidad innata por vacunas de ARNm

En researchgate encontramos este trabajo que propone el deterioro en la señalización del interferón tipo I como mecanismo explicativo para los efectos adversos observados con las vacunas COVID de ARNm, para las que concluye que su balance beneficio/riesgo resulta negativo.

Frente a nuestro enfoque por el lado de los anticuerpos anti-PEG y la activación del complemento, aquí siguen la línea de los restos de ARN y proteína S. Y es que dada la compleja composición de estos fármacos, los mecanismos implicados pueden ser muy diversos.

Este resumen ya da una idea de todo lo que estos investigadores sospechan que subyace bajo las largas listas de efectos adversos reportados al sistema VAERS: 

ABSTRACT

"Las vacunas de ARNm contra el SARS-CoV-2 salieron al mercado en respuesta a la crisis de salud pública del COVID-19 ampliamente percibida. La utilización de vacunas de ARNm en el contexto de enfermedades infecciosas no tenía precedentes, pero los tiempos desesperados parecían requerir medidas desesperadas. 

Las vacunas de ARNm utilizan ARNm modificados genéticamente que codifican proteínas espigas. Estas alteraciones ocultan el ARNm de las defensas celulares, promueven una vida media biológica más larga para las proteínas y provocan una producción general más alta de proteína espiga. Sin embargo, tanto la evidencia experimental como la observacional revelan una respuesta inmune muy diferente a las vacunas en comparación con la respuesta a la infección por SARS-CoV-2. Mostraremos que las modificaciones genéticas introducidas por la vacuna son probablemente la fuente de estas respuestas diferenciales. 

En este trabajo, presentamos la evidencia de que la vacunación, a diferencia de la infección natural, induce un profundo deterioro en la señalización del interferón tipo I, que tiene diversas consecuencias adversas para la salud del ser humano. Explicamos el mecanismo por el cual las células inmunes liberan a la circulación grandes cantidades de exosomas que contienen proteína espiga junto con microARN críticos que inducen una respuesta de señalización en las células receptoras en sitios distantes. También identificamos posibles alteraciones profundas en el control regulador de la síntesis de proteínas y la vigilancia del cáncer. 

Estas perturbaciones muestran tener un vínculo causal potencialmente directo con la enfermedad neurodegenerativa, miocarditis, trombocitopenia inmune, parálisis de Bell, daño hepático, inmunidad adaptativa deteriorada, aumento de la carcinogénesis y daño al ADN. La evidencia de los informes de eventos adversos en la base de datos VAERS apoya nuestra hipótesis. Creemos que una evaluación integral de riesgo/beneficio de las vacunas de ARNm las excluye como contribuyentes positivos a la salud pública, incluso en el contexto de la pandemia de COVID-19".

Por tanto, según el equipo formado por Stephanie Seneff, Greg Nigh, Anthony Kyriakopoulos y Peter A Mccullough, el precio de sacrificar la inmunidad innata para conseguir la inmunidad adquirida mediante las vacunas de ARNm, no saldría a cuenta. El debate sigue abriéndose.


Proteína S y proteína BRCA1

Las células de nuestro organismo están continuamente dividiéndose y replicando su ADN, proceso no exento de errores (mutaciones) que si no se reparan pueden conducir a un crecimiento incontrolado, es decir, a un cáncer.

BRCA1 es una proteína que forma parte del sistema de detección y reparación de los daños del ADN humano. Su nombre viene de "breast cancer 1" (cáncer de mama 1), y es también el nombre del gen que codifica esta proteína. A través de ella, el gen puede regular el ciclo celular y evitar la proliferación incontrolada, actuando así como un "supresor de tumores". 

Por contra, un gen BRCA1 mutado produce una proteína anómala incapaz de ayudar a corregir los errores. De ahí por ejemplo que mujeres portadoras de mutaciones en el gen BRCA1 tengan mayor riesgo de padecer cáncer de mama, y que el estudio de la presencia de estas mutaciones sea habitual en Oncología. 

​En octubre de este año 2021, un estudio "in vitro" publicado en la revista Virus afirma que la proteína S de longitud completa del SARS-CoV-2 puede obstaculizar el reclutamiento de la proteína BRCA1 e inhibir la reparación del daño del ADN, lo que de confirmarse "in vivo" podría tener graves consecuencias a medio y largo plazo en el caso de que la proteína S se diseminara y persistiera en el organismo. 

Cada célula humana contiene unos 42 millones de moléculas proteicas. Todo un microuniverso en gran parte desconocido.


Nitrosaminas en medicamentos

Las administraciones sanitarias han pasado de puntillas sobre un tema tan grave como la detección de nitrosaminas en varios medicamentos como la ranitidina, los sartanes y la metformina...

Y es que la N-nitrosodimetilamina (NDMA) es una sustancia química que se genera tanto en procesos industriales como naturales y está clasificada como probable carcinógeno, al actuar metilando la adenina del ADN... 

¿Estará nuestro CSIC haciendo algún estudio sobre este caso, que evidentemente no le interesa promocionar a ningún laboratorio...? Me temo que no. 

Afortunadamente en el MIT tienen altura de miras y están en ello. Y el resultado es que las nitrosaminas no son un contaminante exógeno, sino que son un producto de la cloraminación de la ranitidina, es decir una consecuencia del contacto del propio fármaco con el cloro y el amoniaco del agua. 

En este estudio, para eliminar la ranitidina del agua se han utilizado con éxito óxido de grafeno (GO) y nanotubos de carbono oxidados (OCNT), que logran adsorberla en un alto porcentaje.

En este otro estudio se utiliza ozono para reducir la formación de nitrosaminas.

A nivel sanitario se ha optado por retirar todos los fármacos que contienen ranitidina, pero... 

¿Y los millones de pacientes de todo el mundo que estuvieron años y años tomándola para su úlcera gastroduodenal, ya sea bajo la marca Zantac® o como genérico...?

Alguien tendría que dar alguna explicación.


Inmunidad y cáncer

 

El sistema inmune humano es una maquinaria complejísima perfectamente engranada para proteger a ese "todo" formado por billones de células y bacterias que constituye el individuo.

Muchas veces tendemos a pensar en el sistema inmunitario meramente como protector contra las infecciones, no prestando tanta atención a su otra función fundamental: la prevención del cáncer.

El control del desarrollo de tumores por el sistema inmunitario se conoce como "vigilancia inmunológica", y se pone de manifiesto en varios hechos:

  • La desaparición espontánea de pequeños tumores.
  • Tumores primarios que se mantienen años bajo control sin desarrollar metástasis.
  • Mayor incidencia de tumores en personas mayores con el sistema inmune debilitado.
  • Inmunodeficiencias que cursan con elevada frecuencia de tumores.
  • Fármacos inmunosupresores que provocan aumento de la frecuencia de tumores.

Sí. Inhibir el sistema inmune conlleva el riesgo latente de provocar consecuencias similares al efecto ahora conocido del humo del tabaco, que suprime las funciones antitumorales de las células NK (Natural Killer) del sistema inmune innato, favoreciendo así el desarrollo de tumores.


Así, en los últimos años se están ensayando y usando de forma creciente para el tratamiento de enfermedades autoinmunes fármacos dirigidos a inhibir el aparente exceso de actividad inmunitaria, como los anti TNF, con los que ya se ha observado un incremento en la aparición de linfomas. Y empiezan a aflorar otros casos con otros medicamentos.

Al tratarse de una iatrogenia a medio-largo plazo, desarrollada a lo largo de meses y años, la detección de los efectos adversos puede escapar a los cortos periodos de estudio de los ensayos clínicos, y sólo evidenciarse ya en pleno uso normal tras la comercialización.

Se está incidiendo mucho en la búsqueda de causas directas tanto hereditarias como medioambientales que expliquen el constante incremento del cáncer en edades cada vez más tempranas, pero... 

¿No será que lo que está fallando es el sistema inmune, machacado por el consumo masivo de productos que alteran nuestras defensas naturales?


Consejos televisivos...

Con la inmejorable perspectiva que da el paso del tiempo, resulta sorprendente ver cómo desde la caja tonta se nos incitaba hace unos años al consumo de tabaco de una forma tan irresponsable y criminal. Yo fui uno de los millones que cayeron en la trampa, y fumé. Cada uno debe cuidarse de sí mismo, así que entono el mea culpa...


No obstante, algo he aprendido: lo que repiten en la tele machaconamente puede ser una gran mentira, y hacerle caso puede poner en riesgo nuestro bien más preciado: la salud.

Llevamos año y medio con una interminable letanía de consejos, recomendaciones y cuasi órdenes de obligado cumplimiento por parte de los personajes más variopintos devenidos en expertos sanitarios, desde folclóricas a presentadores de telediario, desde futbolistas a (¡horror!) verificadores y tertulianos.

Si finalmente no viene el fin del mundo, quienes vivan dentro de unos años tendrán una hemeroteca descomunal para enjuiciar a estos personajes y ponerlos en su sitio: santos benefactores de la humanidad o irresponsables telepredicadores de pacotilla...

Yo, por lo pronto, hace más de un año que dejé de ver la tele, por el bien de mi estómago.

El blog se va a abrir a otros campos que han sido postergados por el monotema covidiano, intentando ser fiel a su espíritu inicial: si algo te sienta mal, sustráelo de tu día a día, aunque en la tele te digan lo contrario. 


El tabaco: un vicio rentable...




Según cifras de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), el tabaco mata a más de 7 millones de personas al año en el mundo, de las cuales el 85% (más de 6 millones) son consumidores directos y el 15% (unos 890.000) son fumadores pasivos, es decir, mueren por el humo que les echan los demás. Un dato escalofriante.

En España, donde casi un 25% de la población fuma a diario, el tabaco ocasiona más de 50.000 muertes al año (más que el coronavirus), representando el 13% de las muertes totales: está detrás de hasta 8 de cada 10 casos de cáncer de laringe y pulmón, y de la mitad de los de vejiga y orofaringe, entre otros...



Sobran por tanto los motivos para sustraer el tabaco de nuestras vidas, no sólo no fumando, sino exigiendo el cumplimiento de la Ley Antitabaco, una  ley que seguramente fue la mejor de las que hizo Rodríguez Zapatero en su Gobierno.

Resulta casi esperpéntico que durante el estado de alarma declarado con ocasión de la pandemia por coronavirus, al amparo de la protección de la salud de nuestra sociedad, se nos haya prohibido salir a la calle, pasear por los parques o ir al monte a respirar aire puro, pero se haya respetado el presunto derecho de los fumadores a salir a por tabaco. ¿Por qué...?

Parece que sustraer a la gente el tabaco es algo inconcebible para los gobernantes de hoy. ¿Existe un derecho a fumar recogido en alguna carta fundamental, como la de los Derechos Humanos...?

Pues no. Lo que existe es un negocio montado en torno a esta práctica tan dañina, un negocio del que los estados no son ajenos, pues resultan beneficiados por la vía de una sustanciosa recaudación de impuestos. Veamos la otra cara de la moneda...

En 2019, el Estado recaudó por vía del impuesto al tabaco nada menos que 6.500 millones de euros.
Un gasto que equivale al gasto farmacéutico hospitalario anual, que está en unos 6.800 millones de euros, del que unos 1.800 millones corresponde al gasto farmacéutico en medicamentos oncológicos.

Es decir, que con lo recaudado con el tabaco, el Estado no sólo tiene para pagar los tratamientos contra el cáncer, sino que le sobran 4.700 millones para sufragar el resto del gasto hospitalario.

Lo importante es la pela...?