Las estatinas son fármacos ampliamente prescritos para reducir los niveles de colesterol y prevenir enfermedades cardiovasculares, pero que también pueden provocar una variedad de efectos adversos musculares. Recientes investigaciones sugieren que la causa está en que la inhibición de la síntesis del colesterol podría disminuir la disponibilidad de ubiquinona e interferir con la COX1, una enzima que se localiza en las membranas de las mitocondrias, las centrales energéticas del interior de nuestras células:
Las mitocondrias son unos orgánulos muy peculiares. Así, la COX1 de las membranas mitocondriales no se encuentra en las membranas de las células humanas, pero sí en cambio en las membranas de las bacterias. De hecho, las mitocondrias son como bacterias sueltas dentro de las células, y se cree que en su origen eran bacterias que hace más de 1000 millones de años se unieron en simbiosis a las células, donde se reproducen independientemente del núcleo celular, aunque bajo su control.
Otra peculiaridad es que las mitocondrias del hijo provienen directamente de la madre. Durante la fertilización, el espermatozoide aporta el material genético paterno, pero no contribuye con las mitocondrias. Por lo tanto, las mitocondrias del óvulo, que provienen de la madre, son las que se heredan al embrión y, eventualmente, al hijo. Este fenómeno se conoce como herencia materna de las mitocondrias:
Estudiando el ADN de las mitocondrias, el bioquímico neozelandés Allan C. Wilson formuló en 1987 la revolucionaria hipótesis de la Eva mitocondrial, según la cual todos los seres humanos vivos compartimos un ancestro materno común, que vivió en África hace unos 200.000 años.
Allan C. Wilson
Otro estudio genético posterior afinó las fechas para la llegada de los Homo sapiens a las distintas regiones del mundo:
Así como las mitocondrias se heredan por vía materna, los cromosomas Y se heredan por vía paterna, y aplicando los mismos principios se ha llegado al ancestro común más cercano por vía paterna, al que se denomina Adán cromosómico.
La teoría hoy generalmente aceptada es que todos los humanos descendemos de una población africana común y relativamente pequeña surgida hace unos 150.000 años.
¿Sobrevivirán nuestras mitocondrias a las estatinas...?
Achromatium oxaliferum es una gran bacteria que habita las charcas y mide la décima parte de un milímetro, un tamaño similar al zigoto, el embrión humano resultante de la fecundación de un óvulo por un espermatozoide. Bacteria y zigoto están constituídos por una única célula, pero su ciclo vital no puede ser más diferente:
La bacteria Achromatium se divide en dos cada unos 20 minutos dando lugar a dos células "hijas"...
En condiciones de cultivo favorables, en menos de 24 horas la bacteria inicial podría dar lugar a una enorme colonia de 1 trillón de bacterias independientes similares a la célula bacteriana inicial.
En cambio, el embrión humano completa su primera división a las 30 horas de la fecundación, y origina dos blastómeros, que no se separan, y pasan a ser 16 al cuarto día, formándose después la mórula...
Al entrar en el útero, la mórula incorpora líquido y el zigoto se transforma en blastocisto, que alrededor del sexto día de desarrollo se implanta en la mucosa uterina. Con el sustento proporcionado por la placenta, en 9 meses las células del zigoto se transforman en un bebé...
Pasados 15 años, el zigoto se ha convertido en una comunidad de 30 billones de células perfectamente ensambladas y organizadas para la realización de las más complejas funciones...
250.000 millones de esas células están en parte calcificadas y forman los 9 kg del tejido óseo que soporta los tendones y músculos responsables de la estabilidad y el movimiento. Todas las células están conectadas por un sistema circulatorio que transporta nutrientes y desechos, comunicado a su vez con un sistema de ventilación que permite la llegada de oxígeno a cada una de ellas y la retirada del CO2 resutante del complejo metabolismo gracias a 25 billones de células especializadas, los glóbulos rojos.
La nutrición de todas nuestras células se suministra ingiriendo alimentos por una única boca, y la asimilación de los nutrientes se lleva a cabo a través del tránsito por un único tubo digestivo, tarea en la que colaboran unos 100 billones de bacterias que componen la microbiota intestinal, y que viven en simbiosis con nuestras células.
40.000 millones de células especializadas constituyen los glóbulos blancos, que forman parte del sistema inmune de protección frente a peligros externos. Un billón y medio de plaquetas son células especializadas de un sistema para cortar la hemorragia en caso de herida e iniciar la cicatrización.
85.000 millones de células neuronales conforman una red por la que circulan impulsos eléctricos capaces de hacer funcionar coordinadamente las muy diversas partes del cuerpo. En torno al cerebro hay montado un sistema multimedia impresionante, con un detector y analizador de olores y sabores, un sistema de audio y un espectacular aparato visual...
Pese a las mareantes cifras de los distintos millones de células que lo componen, cada ser humano tiene una única visión, oído y olfato que le suministran información sobre el entorno exterior, un centro que regula la temperatura de todo el cuerpo, una única memoria y una única inteligencia. Y todo ésto a partir de la célula única del zigoto. ¿Cómo ha sido posible...?
Charles Darwin, que no sabía nada de células, zigotos ni genes, intuyó la evolución al azar. Hoy el paradigma científico neodarwinista sigue repitiendo que de una bacteria de charco como la Achromatium, a base de errores al azar al copiarse el ADN a lo largo de milllones de generaciones, y dando lugar a descendientes con distinta tasa de éxito reproductivo, hemos surgido los seres humanos...
Si así ha sido, ¡vaya fallos tan acertados! La apelación al azar suena más a recurso de la ignorancia.
Hoy sabemos que cada célula humana contiene en su núcleo unos 3.200 millones de pares de bases en los eslabones de la cadena de ADN, distribuidos en 23 pares de cromosomas. Se estima que el genoma humano contiene entre 20.000 y 25.000 genes que codifican proteínas, de las que se han identificado unas 16.000 diferentes, 10.500 de ellas en el plasma. Y se sabe que el ADN humano está compuesto en su mayoría por inserciones de ADN de origen vírico, al igual que también lo está el de las bacterias.
Parece por tanto más lógico pensar que la evolución no ha tenido nada de azar, y que el proceso ha podido involucrar información aportada a través de los virus, unos mensajeros omnipresentes y cuyo origen desconocemos, pero que son tan antiguos como la vida, y seguramente mucho más.
Volviendo a los números, basta ingerir 200 mg de arsénico para que en cuestión de minutos todas nuestras células mueran. Una cantidad que abulta como 4 granos de arena...
Curiosamente, un preparado orgánico de arsénico, el Salvarsan, desarrollado por el premio nobel alemán Paul Ehrlich en 1907 para tratar la sífilis y la tripanosomiasis, y hoy en desuso, fue el primer agente quimioterapéutico usado en Medicina para tratar una enfermedad infecciosa...
Ehrlich fue el primero en buscar una "bala mágica" que al dispararla le pegara sólo a la enfermedad y no al paciente. En palabras de Alexander Fleming, descubridor de la Penicilina en 1928, "Salvarsan fue el magnífico origen de la quimioterapia bacteriana, y fue lo que despertó mi interés por esa rama de la ciencia".
Lo que ayer fue medicamento salvador, hoy es veneno. Evolución.
Si los virus de la gripe apenas pueden "sobrevivir" unas horas fuera de su huesped, ¿cómo es que cada invierno reaparecen?, ¿de dónde vuelven cada año?, ¿cuál es su reservorio...?
La teoría oficial ha culpado históricamente de la transmisión a distancia de la gripe a los movimientos migratorios de patos y gansos en su búsqueda de climas favorables. No en vano, estas aves pueden albergar una amplia variedad de virus de la gripe aviar y servir como fuente de nuevos subtipos de virus de la gripe. Una explicación bella y simple, pero con una gran pega: es falsa.
Porque basta reflexionar un poco para darse cuenta de que cuando la gripe aparece cada año con la llegada de las temperaturas frías del invierno, las aves migratorias hace ya tiempo que se fueron, así que la propagación de la gripe realmente va en sentido contrario a la trayectoria de las aves. ¡Vaya!
Lo cierto es que la gripe lleva siglos manteniéndose en la Tierra como la llama de la antorcha olímpica, y seguimos sin saber cómo ni por qué. Al pensamiento materialista dominante le cuesta reconocerlo, pero el hecho es que las universales leyes de la Física se quedan muy cortas a la hora de explicar lo que sucede en el interior de los organismos vivos, unas máquinas hechas de carbono con un diseño fabulosamente complejo.
Aquí ya vimos que el sistema inmunológico humano parece debilitarse durante los meses de invierno, lo que hace que las personas sean más susceptibles a contagiarse del resfriado y otros virus respiratorios...
La teoría del contagio parecía un tema inquebrantable hasta ahora, pero desde hace un tiempo un grupo de investigadores españoles no oficialistas ha empezado a cuestionarla. Siguiendo los ya lejanos pasos del genial biólogo Máximo Sandín, hay virus que ya no se ven como venenos sino como mensajeros, y su papel en la evolución empieza a ponerse en valor frente a las simplistas y trasnochadas tesis darwinistas...
Bajo esta nueva perspectiva, los seres vivos somos complejas máquinas de carbono cuyo software reside en el ADN de nuestras células, y las infecciones víricas naturales podrían jugar un papel semejante al de las actualizaciones de software: actualizaciones peligrosas para las máquinas "viejas", pero actualizaciones al fin y al cabo necesarias para adaptar el funcionamiento de las máquinas "jóvenes" a las necesidades emergentes. Para evolucionar.
Si al descubrimiento ya establecido del papel beneficioso de la microbiota bacteriana en simbiosis con nuestras células se uniera una visión de los virus naturales como aliados y no como enemigos, estariamos ante la apasionante revolución en la Biología promovida hace ya tiempo por Sandín y sintetizada en su famosa frase: "somos bacterias y virus". Una revolución también para la Medicina.
Lógicamente, fuera de este papel protector de los virus naturales quedarían los virus surgidos en las últimas décadas, bastante sospechosos de haber sido creados artificialmente en laboratorio: Ébola, Zyka, VIH, nuevos coronavirus...
Como tantas veces en la historia, el mayor enemigo de la Humanidad resulta ser el propio hombre.