"Dosis sola facit venenum", dijo Paracelso, es decir, «sólo la dosis hace al veneno». Para los que no terminen de asimilar la idea de que los medicamentos pueden ser tóxicos, baste este ejemplo:
Los anticoagulantes orales clásicos son el Acenocumarol y la Warfarina. El primero es el más usado en España, pero a nivel mundial domina la Warfarina. Lo curioso es que este principio activo también se comercializa como raticida...
Y claro, su mecanismo de acción como veneno es el mismo que cuando se usa como medicamento en humanos: reduce la capacidad de coagulación de la sangre al inhibir la producción de factores dependientes de la vitamina K.
La Warfarina fue descubierta en 1948 por Karl Paul Link como fruto final de la investigación de la enfermedad del trébol dulce, que provocaba que el ganado que se alimentaba de ese forraje fermentado muriera desangrado.
Su acción lenta hace que la muerte se produzca algunos días después de ingerir la dosis letal, que es la propiedad que todo buen veneno debe poseer para evitar que las ratas "aprendan" de lo que les ha pasado a sus congéneres.
Las ratas son listas, pero en farmacología flojean.
En Alzheimer, Aluminio y Sílice (I) nos centramos en un estudio en el que la administración de agua rica en sílice reducía los niveles de aluminio en el cuerpo, y se acompañaba de una mejoría de los síntomas del Alzheimer en un grupo de pacientes.
No se conoce ningún papel biológico del aluminio. El objetivo de la Medicina Sustractiva es eliminar hábitos y prácticas que puedan ser nocivas para nuestra salud. Desde este punto de vista, si el acúmulo de aluminio a nivel cerebral pudiera estar participando en el desarrollo del Alzheimer, ¿qué posibles vías habría podido seguir ese aluminio para acceder al organismo? Veamos:
La absorción vía oral
Una vía de entrada que resulta evidente podría ser la ingesta vía oral, por ejemplo a través de varios medicamentos antiácidos compuestos de hidróxido de aluminio (Maalox, Acyline)...
Sin embargo, la vía oral no se considera peligrosa, puesto que la absorción intestinal del hidróxido de aluminio es casi nula, ya que reacciona con el ácido gástrico dando lugar a cloruro de aluminio. Ya en el intestino, los iones de aluminio forman con los fosfatos de la dieta complejos insolubles que se eliminan por las heces. El escaso hidróxido de aluminio que llega a absorberse se elimina vía renal.
La inhalación con el humo de tabaco
Entre los múltiples componentes tóxicos del tabaco se encuentran los metales pesados, entre ellos el aluminio. Poco que añadir a este vicio tan dañino para la salud como rentable para los gobiernos.
La absorción por la piel
Hay muchos envases de aluminio en cremas, desodorantes y perfumes. Sin embargo la piel representa una buena barrera defensiva y la absorción transcutánea de aluminio es muy baja (BFR).
Ahora bien, hay otras posibles vías de entrada que hasta ahora no se han analizado en profundidad, y cuya relevancia ha podido ir en aumento en los últimos años:
Inyección como adyuvante en vacunas
Investigadores como Shoenfeld asocian las numerosas inoculaciones conteniendo adyuvantes de aluminio en la infancia y juventud con la aparición de enfermedades autoinmunes y daño neurológico. Las personas mayores a las que más afecta el Alzheimer no suelen recibir tantas vacunas de ese tipo, salvo últimamente la del neumococo. Un tema para seguir investigando.
Implantes dentales y prótesis
Ambos productos metálicos están en contacto permanente con el medio interno del organismo, y por tanto encajan en un posible efecto acumulativo en el caso de que fueran liberando aluminio de forma constante. En el caso de los implantes dentales de aluminio, no habría peligro por su paso a la saliva, lo mismo que con los dentífricos, por la casi nula absorción digestiva que supondría, pero cabría la posibilidad de su difusión directa por la encía hacia el cerebro. Algo digno de estudiar.
Inhalación de aerosoles en envases de aluminio
Si la piel supone una buena barrera defensiva frente al aluminio de los aerosoles, su uso en forma de inhaladores podría en cambio permitir su entrada directa a los pulmones y la circulación. Hay muchas personas mayores con problemas respiratorios que usan a diario inhaladores con envases de aluminio, algo que encajaría con un posible peligro de acumulación y con la aparición tardía de la enfermedad de Alzheimer.
Esta última reflexión nos da pie para una 3ª parte: ¿Existe correlación entre patologías respiratorias como la EPOC y el Alzheimer...?
La sílice (dióxido de silicio, SiO2) se encuentra comúnmente en la naturaleza y suele ser el componente principal de la arena. ¿Y si pudiera curar el Alzheimer...?
Puede sonar raro, pero también resulta llamativo que en esta publicidad de implantes de titanio se mencione que evitan los peligros del aluminio, como la enfermedad de Alzheimer...
Y es que en Toxicología se viene sospechando en las últimas décadas la existencia de una posible conexión entre la exposición humana al aluminio y la enfermedad de Alzheimer. El aluminio ahora debe considerarse un factor etiológico primario en la enfermedad de Alzheimer, reza un artículo publicado en 2017 en la revista Journal of Alzheimer's Disease Reports, ilustrando bien esa línea de investigación.
"Aquí estamos probando la hipótesis de que las aguas minerales ricas en silicio se pueden utilizar como métodos no invasivos para reducir la carga corporal de aluminio en personas con enfermedad de Alzheimer y un grupo de control formado por sus cuidadores y parejas.
Hemos demostrado que beber hasta 1 litro de agua mineral rica en silicio cada día durante 12 semanas facilitó la eliminación de aluminio a través de la orina tanto en pacientes como en grupos de control sin ningún efecto concomitante sobre la excreción urinaria de los metales esenciales, hierro y cobre.
Hemos proporcionado evidencia preliminar de que durante 12 semanas de terapia con agua mineral rica en silicio, la carga corporal de aluminio disminuyó en personas con enfermedad de Alzheimer y, al mismo tiempo, el rendimiento cognitivo mostró mejoras clínicamente relevantes en al menos 3 de 15 personas.
Este es un primer paso en una prueba rigurosa muy necesaria de la 'hipótesis del aluminio en la enfermedad de Alzheimer' y ahora se justifica un estudio a más largo plazo que involucre a muchas más personas".
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Si la acumulación de aluminio en el cerebro tuviera relación con el desarrollo del Alzheimer, habría 2 posibles estrategias: disminuir su entrada y/o aumentar su eliminación. En esta 1ª parte hemos visto esta última estrategia con el experimento del agua rica en silicio, que quizá no sea tan fácil de conseguir como los complementos de sílice, de uso habitual por los naturistas. Un remedio sencillo, barato e inocuo para detoxificar el cuerpo de aluminio que dan ganas de probar...
Otra forma sencilla de eliminar aluminio del cerebro es la ingesta de cerveza, que aporta ácido silícico, la forma más biodisponible de sílice, que pasa del intestino a la sangre y luego al cerebro, donde por su afinidad por el aluminio lo extraerá y permitirá su eliminación posterior a través de la orina. La de mayor contenido es la cerveza rubia clásica, y lamentablemente la de menor es la sin alcohol. Así que con moderación...
En la próxima 2ª parte iremos al fondo del asunto, puesto que para que el aluminio pudiera causar daño, primero debería acceder al cerebro, y hay varias posibles vías de entrada, algunas no muy obvias.
Hace unos años este vídeo de un "elefante fumador" causó sensación, pero la realidad es muy diferente...
A diferencia de muchos humanos, los elefantes son lo suficientemente inteligentes como para no fumar, y también para conocer las propiedades curativas del carbón vegetal, que es lo que este simpático paquidermo está ingiriendo de un suelo quemado, seguramente después de haberse puesto morado a base de ingerir unos cuantos kilos de sabrosas pero indigestas hierbas.
Y es que el uso del carbón activo es cotidiano en los servicios de urgencias como adsorbente inespecífico para tratar intoxicaciones, al generar una gran superficie de contacto y secuestrar las sustancias tóxicas ingeridas, deteniendo así su absorción intestinal, e incluso arrastrándolas de la circulación sanguínea tras una reciente absorción.
¿Cómo habrán podido llegar a aprender algo así los elefantes sin libros ni universidades...?
El aluminio puede acceder al organismo humano en grado de producir toxicidad. Su entrada se da por inhalación de aerosoles o partículas, ingestión de alimentos, agua y medicamentos, contacto con la piel, o bien por vía parenteral a través de vacunas, diálisis e infusiones intravenosas.
Las acciones tóxicas del aluminio inducen estrés oxidativo, alteraciones inmunológicas, genotoxicidad, efecto proinflamatorio, desnaturalización o transformación de péptidos, disfunción enzimática, alteración metabólica, amiloidogénesis, perturbación de la membrana, dishomeostasis del hierro, apoptosis, necrosis y displasia.
Entre las patologías asociadas con la intoxicación por aluminio están la neumonía intersticial descamativa, proteinosis alveolar pulmonar, granulomas, granulomatosis y fibrosis, miocarditis tóxica, trombosis y accidente cerebrovascular isquémico, enteritis granulomatosa, enfermedad de Crohn, enfermedades inflamatorias del intestino, anemia, enfermedad de Alzheimer, demencia, esclerosis múltiple, autismo, miofascitis macrofágica, osteomalacia, oligospermia e infertilidad, enfermedad hepatorrenal, cáncer y quiste de mama, pancreatitis, necrosis pancreática y diabetes mellitus.
Se necesitan cantidades muy pequeñas de aluminio para producir neurotoxicidad.
El aluminio secuestra diferentes mecanismos de transporte para atravesar activamente las barreras cerebrales.
La evidencia experimental ha demostrado repetidamente que la intoxicación crónica por aluminio reproduce las características neuropatológicas de la enfermedad de Alzheimer.
Según Ivanovski, existen claramente diferentes rutas de exposición al aluminio y no necesariamente equivalentes. Así, aunque comúnmente se supone que los niños obtienen mucho más aluminio de la dieta que de la vacunación, esta noción contradice los principios toxicológicos básicos al pasar por alto las barreras protectoras del tracto gastrointestinal, puesto que sólo el 0,25% del aluminio de la dieta se absorbe y pasa a la circulación sistémica, y gran parte de éste suele ser eliminado rápidamente por los riñones. En contraste, el hidróxido de aluminio (la forma de adyuvante vacunal más común) inyectado por vía intramuscular se absorbe casi al 100%, al entrar en la circulación se une a la transferrina y tiene así una capacidad única para cruzar la barrera hemato-encefálica y depositarse en el cerebro.
Para Exley vivimos en la "era del aluminio". La exposición humana al aluminio es inevitable y quizás inestimable. El catión metálico libre del aluminio Al(3+) es altamente reactivo biológicamente y se sabe muy poco acerca de la intoxicación crónica por aluminio como para descartar que la enfermedad de Alzheimer sea síntoma de una intoxicación crónica por aluminio durante décadas, o que el cáncer de mama se agrave con la aplicación tópica de una sal de aluminio, o si el autismo podría ser el resultado de una cascada inmunitaria iniciada por un adyuvante de aluminio.
La bibliografía es extensa y dispersa, y todo un reto el intento de integrarla.
Los que pasamos los 50 recordaremos con pavor un producto que nuestras madres nos echaban en las heridas y que además de escozor te dejaba durante días una mancha marrón en la piel: el Merthiolate...
El Merthiolate era el nombre comercial del Tiomersal o Timerosal, producto a base de etilmercurio desarrollado por la farmacéutica Lilly en 1928 como antiséptico, y que también se usó ampliamente como conservante de vacunas.
Hoy en día, el Tiomersal se considera tóxico por inhalación, ingestión y en contacto con la piel, como atestiguan estos iconos en pubchem:
Y se ha ido eliminando gradualmente de casi todas las vacunas en el mundo occidental, debido en gran parte a la controversia suscitada con la reconocida toxicidad del mercurio a nivel del sistema nervioso central.
Así, en una consulta a la AEV, se detalla qué vacunas lo contenían en la no tan lejana fecha de 2003:
DTP Trivacuna (Leti), DTP Merieux (AP MSD), Anatoxal TE (Berna), Toxoide tetánico (Leti), Anatoxal Di Te (Berna), Divacuna (Leti), Diftavax (AP MSD), Tetract-Hib (AP MSD), Tritanrix-HEP B (GSK), Recombivax (AP MSD), PNU Inmune (Wyeth), Epaxal (Berna), Twinrix (GSK), Fluarix (GSK), Prodigrip (AP MSD), Imuvac (GR Solway).
Hoy ya no, pero ¿cuántos niños recibieron esas vacunas con Tiomersal...?
El libro de Toxicología de Klaassen dice lo siguiente en referencia al mercurio:
Y respecto a otro organomercurial, el metilmercurio...
Pese a que ha caído en desuso, resulta sorprendente que en algunas partes del mundo se siga utilizando...
Hace 40 años, en 1981, se detectó en España un brote de neumonía atípica que en principio se catalogó como enfermedad del legionario, al creerse que era provocada por la bacteria Legionella...
La fase aguda inicial consistía en una insuficiencia respiratoria grave con la presencia en los afectados de una neumonía atípica caracterizada por infiltrados intersticiales que afectaban al tejido de sostén y vasos que rodean a los alvéolos...
El hallazgo en algunas de las víctimas de otra bacteria, el Mycoplasma pneumoniae, indujo a creerla el agente responsable, y se convirtió en la primera explicación oficial del caso: el ministro de Sanidad Jesús Sancho Rof declaró lamentablemente a la prensa que lo de la neumonía atípica era por “un bichito que se cae al suelo y se mata”...
El Dr Antonio Muro, director del Hospital del Rey, fue el primero en discrepar de la versión oficial al afirmar que se trataba de una intoxicación alimentaria. La discrepancia no fue bien recibida y fue cesado inmediatamente...
Lo cierto es que los pacientes presentaban una marcada eosinofilia, indicio de una situación de alergia o una intoxicación, al igual que los exantemas con prurito de los niños. El Dr Juan Casado, pediatra del Hospital del Niño Jesús, descartó también el origen contagioso y estudió una posible alergia, sin obtener resultado...
En la fase intermedia de la enfermedad aparecía tromboembolismo, hipertensión pulmonar, calambres y mialgias. La fase crónica se caracterizaba por hepatopatía, neuropatía, esclerodermia y la afectación del corazón, pulmones, riñones y tracto gastrointestinal. Y había dos patrones que se repetían: los menores de un año no enfermaban, y casi todos los pacientes procedían de barrios del extrarradio madrileño como Carabanchel, Torrejón de Ardoz y Leganés, y habían consumido ensaladas...
La investigación del Dr Muro le llevó hasta unos tomates presuntamente contaminados con un insecticida organofosforado de Bayer, el Nemacur (Fenamifos)...
Su tesis fue rechazada, y la Justicia finalmente dictaminó que la causa del síndrome tóxico era una intoxicación alimentaria por otro presunto componente de las ensaladas, el aceite de colza desnaturalizado con anilinas, la tesis final del Dr Casado...
La duda, no obstante, no se ha disipado del todo, y se aprecian ciertos paralelismos entre los casos COLZA y COVID: en el caso COVID también se empezó considerando un proceso meramente respiratorio, pero las autopsias realizadas por forenses italianos sacaron a la luz un componente circulatorio con múltiples complicaciones tromboembólicas que afectan a casi todos los órganos, algo común con el síndrome tóxico de 1981, donde también los discrepantes fueron desautorizados mientras tenía lugar una aparente sobreprotección hacia la industria químico-farmacéutica, algo que fue sonoramente denunciado por la prensa de entonces.