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Aluminio, un elemento peligroso

 

El aluminio es el tercer elemento más abundante en la corteza terrestre, después del oxígeno y el silicio. Está en todas partes: en las rocas, en la arena, en el barro. Sin embargo, en toda la enorme complejidad de la biología humana, el aluminio no cumple ninguna función esencial. No forma parte estructural de las células, ni es cofactor de enzimas, ni participa en reacciones metabólicas vitales. 

No sólo eso. El ion trivalente Al³⁺es altamente reactivo, con gran afinidad para unirse a proteínas, fosfatos y ácidos nucleicos. Lejos de favorecer los procesos vitales, el aluminio tiende a interferir en ellos:

  • Compite con iones esenciales como el magnesio y el calcio.
  • Perturba la actividad enzimática y la función mitocondrial.
  • Desestabiliza las membranas celulares y favorece el estrés oxidativo.

En definitiva, el comportamiento químico del aluminio es hostil para el buen funcionamiento de nuestro mecanismo biológico: es un veneno.

En la naturaleza, el aluminio se combina fuertemente con oxígeno, hidrógeno y otros elementos para formar rocas y minerales como la bauxita y la caolinita. 

Estos compuestos no se disuelven fácilmente en agua, sino que forman sólidos pesados que precipitan rápidamente y se van al fondo. En cambio, otros metales esenciales como Hierro (Fe²⁺), Magnesio (Mg²⁺), Cobre (Cu²⁺), Zinc (Zn²⁺), tienen formas químicas más solubles en agua, y los organismos primitivos los incorporaron para funciones útiles:

  • Hierro, para el transporte de oxígeno y la respiración celular.
  • Magnesio, para la estabilidad del ATP.
  • Zinc y cobre, para catalizar reacciones enzimáticas.

El aluminio quedó fuera del repertorio bioquímico, no por casualidad, sino porque era inaccesible e innecesario. Durante la mayor parte de la historia humana, la exposición al aluminio fue insignificante. Pero con la industrialización, la situación cambió drásticamente: El aluminio se introdujo en el agua potable como agente clarificante, y los aditivos basados en aluminio invadieron los alimentos procesados, los cosméticos y medicamentos, como los antiácidos.

No obstante, en condiciones normales del tubo digestivo, nuestro cuerpo se defiende del aluminio no absorbiéndolo: tal como entra en por la boca se elimina por las heces. Pero hoy en día, el aluminio puede penetrar artificialmente en nuestros cuerpos superando las barreras naturales de defensa a través de otras vías:

  • Los adyuvantes de aluminio añadidos a las vacunas para potenciar la respuesta inmune.
  • Implantes y prótesis metálicas.
  • Aerosoles, inhaladores y el humo del tabaco.

Aunque el organismo humano lo considere un invasor extraño y potencialmente tóxico, una vez  que por esas vías está dentro del cuerpo, su eliminación no es sencilla. Al no ser metabolizado para ninguna función esencial, el aluminio tiende a acumularse lentamente en músculos y órganos como el cerebro y los huesos, contribuyendo a la inflamación crónica y al daño oxidativo.

No es la primera vez que hablamos del aluminio. Hemos visto que recientes investigaciones sugieren que el aluminio podría estar implicado en graves enfermedades actuales como:

  • Autismo (trabajos de Exley)
  • Enfermedades autoinmunes (Gheradi, Shoenfeld)
  • Enfermedad de Alzheimer (nuevamente Exley)
  • Asma, esclerosis lateral amiotrófica (ELA)...

Las investigaciones del aluminio y otras posibles fuentes de toxicidad socio-ambiental resultan apasionantes, y además una parte importante del establishment y sus terminales mediáticas las consideran conspiranoicas, lo cual es toda una señal de que van por el buen camino.

El diseño de la vida en la Tierra no le otorgó ningún papel al aluminio, a pesar de su abundancia. Y su incorporación artificial y reciente a nuestra biología podría estar contribuyendo al surgimiento de enfermedades que apenas comenzamos a comprender, pero que asolan nuestra sociedad.

La pléyade de enfermedades modernas no sería, una vez más, algo externo que nos ataca como una maldición, sino una consecuencia de la deriva de la sociedad actual, empeñada en no respetar las leyes de la naturaleza, empezando por las de nuestro propio cuerpo.


Lucija Tomljenovic: David contra Goliat

 

La Farmacovigilancia es la rama de la Farmacología dedicada a la detección, evaluación, comprensión y prevención de los efectos adversos y cualquier otro problema relacionado con la seguridad de los medicamentos, por lo que está en estrecha relación con la Toxicología.

A pesar de su papel tan importante para la Salud Pública, el trabajo en Farmacovigilancia suele ser ingrato y poco reconocido, y sus investigadores se enfrentan a menudo a varios obstáculos... 

El más evidente es el de las presiones de la todopoderosa Industria Farmaceútica y sus lobbies, cuyos tentáculos llegan a los medios de comunicación, gobiernos, colegios profesionales, sociedades científicas, revistas e incluso a las asociaciones de pacientes. 

Otro obstáculo a superar es el hecho de que los trabajos de Farmacovigilancia involucran complejos análisis de datos y evaluaciones de riesgos, y los resultados no siempre pueden ser categóricos. Las revistas los escudriñan al detalle y ante la mínima duda rechazan su publicación. 

La Administración, que debería apoyarlos, no suele ponerse de inicio de parte de los investigadores, sino que suele ponerse a la defensiva, seguramente para cubrir sus posibles responsabilidades. Un claro ejemplo histórico fue el caso de la Talidomida.

Y los medios de desinformación siempre están prestos para lanzarse al cuello de los investigadores tachándolos de negacionistas, antivacunas, terraplanistas y otras lindezas, siguiendo la voz de su amo. Pese a todo, hay gente valiente que dice lo que piensa sin miedo a la jauría: 

Lucija Tomljenovic

Lucija Tomljenovic forma parte del Grupo de Investigación de Dinámica Neuronal de la Universidad de Columbia Británica en Vancouver, Canadá. Su trabajo se ha centrado en comprender el papel de los adyuvantes de aluminio en las vacunas, y su posible impacto en las manifestaciones clínicas autoinmunes en individuos genéticamente susceptibles. Un ejemplo es su artículo crítico con el uso de un placebo con adyuvante de aluminio en el ensayo de la vacuna contra el papiloma Gardasil (Merck), algo que ya denunció Peter Doshi.

Más controvertida es su hipótesis de que los adyuvantes de aluminio en las vacunas podrían estar relacionados con el desarrollo del autismo. Según ella, "muchos estudios muestran evidencia de que la exposición acumulativa a adyuvantes de aluminio no es tan benigna como se suponía anteriormente. Dado que las vacunas son la única intervención médica que llega a cada ser humano vivo en la Tierra, y que la mayor población objetivo para la vacunación son los niños sanos, parece justificada una mejor apreciación y comprensión de los riesgos de los adyuvantes de las vacunas".

Según Tomljenovic, "estudios en gemelos han demostrado que los factores ambientales comunes representan el 55% del riesgo de desarrollar autismo, mientras que la susceptibilidad genética explica solo el 37% de los casos. Debido a que el entorno prenatal y el entorno postnatal temprano son compartidos entre gemelos y debido a que los síntomas evidentes del autismo emergen alrededor del final del primer año de vida, es probable que al menos algunos de los factores ambientales que contribuyen al riesgo de autismo ejerzan su efecto neurodesarrollador dañino durante este período temprano de la vida".

"De hecho, ahora ha surgido evidencia que sugiere que el autismo podría resultar en parte de agresiones inmunológicas tempranas inducidas por xenobióticos ambientales. Uno de los xenobióticos más comunes, conocido por sus propiedades inmunoestimulantes y neurotóxicas, al que los niños menores de dos años están rutinariamente expuestos en todo el mundo, es el adyuvante de aluminio presente en las vacunas".

"Debido a la estrecha conexión entre el desarrollo del sistema inmunológico y el sistema nervioso central, es necesario considerar cuidadosamente la posibilidad de que la sobreestimulación inmunológica en la infancia temprana a través de las vacunas pueda jugar un papel en los trastornos neuroconductuales".

Sobra decir que esta posición es minoritaria en la comunidad científica. El consenso general entre los expertos en Salud Pública es que las vacunas son seguras y efectivas, y que no hay evidencia suficiente para establecer una relación causal entre los adyuvantes de aluminio y el autismo. Amén.


Destripando la biotecnología de las vacunas del papiloma

 

¿Que hay detrás del rimbombante lenguaje biotecnológico? Echemos un ojo a las vacunas contra el papiloma...

La ficha técnica de Cervarix® dice que contiene proteína L1, "que se presenta en forma de partículas no infecciosas similares al virus (VLPs) producidas por la tecnología del ADN recombinante mediante la utilización de un sistema de expresión en Baculovirus que utiliza células Hi-5 Rix4446 derivadas de Trichoplusia ni".

Una jerga que impresiona. Comencemos la disección:

Los baculovirus son una familia de virus infectivos que afectan sobre todo a larvas de polillas, haciendo curiosamente que se derritan... 

Trichoplusia ni es...

Sí, la polilla de la vid. Y ésta es su larva, la oruga de la vid...

En células de este gusano se cultivan las proteínas que componen esta vacuna. Luego habrá que tratar las células con detergentes como el desoxicolato sódico para disgregarlas, y después centrifugar, filtrar...

Finalmente se añade el adyuvante AS04, que se compone de hidróxido de aluminio y monofosforil lípido A (MPL), que genera daño local y hace que el sistema inmune reaccione.

En cuanto a Gardasil®, se cultiva en células de Saccharomyces cerevisiae, la levadura del pan o la cerveza...

El proceso es similar al anterior, pero con la diferencia de que esta vacuna lleva como adyuvante hidroxifosfato sulfato de aluminio amorfo, junto con polisorbato 80.

Esto sería en un proceso de fabricación ideal, pero la realidad es que en el producto final pueden quedar trazas de ADN y proteínas residuales del huésped (de levadura en Gardasil y de la larva del insecto en Cervarix), restos de detergentes y agentes de lisis como el desoxicolato de sodio, buffers y resinas de cromatografía, componentes del medio de cultivo como factores de crecimiento, conservantes, estabilizantes...

Al implicar el uso de organismos vivos como bacterias, levaduras, células de mamíferos o insectos para expresar las moléculas terapéuticas, la biotecnología genera productos más "sucios" que la química farmacéutica tradicional, y no hay forma de saber al 100% qué es lo que se inyecta. A ésto se une la capacidad de las sales de aluminio o el polisorbato 80 de atravesar las membranas biológicas, como la barrera hematoencefálica (BHE).

¿Se estarán evaluando correctamente todos estos riesgos...?


Disfunción ovárica y vacuna del papiloma

 

Cuando antes de los 40 años los ovarios dejan de funcionar como debieran, no produciendo cantidades normales de estrógenos ni liberando óvulos regularmente, estamos ante una insuficiencia ovárica primaria (POF, por sus siglas en inglés), que puede provocar infertilidad.

En un artículo se relaciona la POF con el síndrome ASIA (síndrome autoinmune/autoinflamatorio inducido por adyuvantes) y la vacunación contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), vacuna que también se ha asociado con síndrome de Guillain-Barré, lupus, vasculitis, PTI y hepatitis autoinmune. 

Peter Doshi peleó y ganó en los tribunales el derecho a analizar los datos de los ensayos de las vacunas contra el VPH, cuya introducción estuvo rodeada de polémica: 

  • Los estudios sobre seguridad de la vacuna en relación con la fertilidad habían sido incompletos: los datos de la mitad de los sujetos estudiados se perdieron en el seguimiento al año.
  • Algunas participantes usaban métodos anticonceptivos hormonales, lo que podía enmascarar la insuficiencia ovárica.
  • Todas las condiciones médicas que aparecieron después de 7 meses tras la vacunación se consideraron como no asociadas con la vacuna.
  • Tras las dosis de refuerzo, los efectos adversos solo se registraron durante 2 semanas. 

Peter Doshi

Pero la mayor polémica revelada por Doshi fue el hecho de que el placebo utilizado en el grupo control contenía el mismo adyuvante de aluminio que la vacuna en estudio, algo que enmascaraba cualquier reacción debida al propio adyuvante, del que se sabe que está involucrado en el síndrome ASIA. 

Algo inadmisible, pero que coló.


Miofascitis macrofágica y aluminio



Los pacientes con miofascitis macrofágica (MMF) presentan mialgias, artralgias, debilidad muscular, fatiga crónica, astenia, fiebre y disfunción cognitiva. Estos signos y síntomas suelen desarrollarse lentamente durante varios meses.

El caso de la MMF y su relación con el hidróxido de aluminio es muy ilustrativo de lo que cuesta establecer la toxicidad de las vacunas. Ante una consulta de 2004 sobre un caso de alergia al citado compuesto, la respuesta de la AEV (Asociación Española de Vacunología) fue que según la OMS "no existe evidencia de asociación entre la MMF y las vacunas conteniendo aluminio, y que la persistencia de macrófagos conteniendo aluminio en el lugar de la inyección vacunal no está asociada con síntomas clínicos específicos o con la enfermedad".

Diez años antes, en 1993, esta nueva patología había sido descubierta por el doctor francés Romain Gherardi, Jefe de Departamento de Patología Neuromuscular del Hospital Henri-Mondor de Créteil, París. La MMF presentaba desconcertantes similitudes con otros síndromes hasta entonces inexplicados como el síndrome de fatiga crónica y el síndrome de la Guerra del Golfo.

Romain Gherardi

Y en 1998, el equipo de Gherardi había identificado su causa: el hidróxido de aluminio contenido como adyuvante en las vacunas contra la hepatitis B, que habían empezado a inocularse masivamente en Francia en esa época. Claro que justo desde ese momento las revistas científicas empezaron a rechazar sus artículos, y vio recortada su financiación. Mentar la palabra "vacuna" cerraba puertas...

Pese a todo, él continuó con sus investigaciones y logró publicarlas, y hoy en día el portal sobre enfermedades raras y medicamentos huérfanos Orphanet define la miofascitis macrofágica como una enfermedad poco frecuente adquirida del músculo esquelético caracterizada por la infiltración del epimisio, el perimisio y el endomisio perifascicular por macrófagos con inclusiones cristalinas compuestas de sales de aluminio localizadas en el sitio de inyección de una vacuna.

Gherardi, ahora reconocido y premiado, ha plasmado recientemente su odisea en el libro "Toxic Story. Les dangers de l'aluminium dans les vaccins", publicado de momento sólo en francés... 

En él conecta la MMF con el síndrome ASIA descrito por Shoenfeld.


La toxicosis por aluminio



Las múltiples condiciones patológicas asociadas con la toxicidad del aluminio han sido objeto de una reciente revisión cuyo resultado es impactante:

  • Neumonía intersticial descamativa 
  • Proteinosis alveolar pulmonar
  • Granulomas, granulomatosis y fibrosis
  • Miocarditis tóxica
  • Trombosis y accidente cerebrovascular isquémico
  • Enteritis granulomatosa
  • Enfermedad de Crohn
  • Enfermedades inflamatorias del intestino
  • Anemia
  • Enfermedad de Alzheimer
  • Demencia
  • Esclerosis
  • Autismo
  • Miofascitis macrofágica
  • Osteomalacia
  • Oligospermia e infertilidad
  • Enfermedad hepatorrenal
  • Cáncer de mama y quistes
  • Pancreatitis
  • Necrosis pancreática
  • Diabetes mellitus

La revisión proporciona una amplia visión general de la toxicidad del aluminio como base para futuras investigaciones en salud pública, por ejemplo en el campo de la autoinmunidad.

De las distintas formas de presentación del aluminio, una parte de gran interés farmacéutico son los geles de hidróxido de aluminio, que son introducidos en el cuerpo humano formando parte como adyuvantes de varias vacunas cuyos componentes se adsorben a ellos. La bibliografía disponible es principalmente anglosajona, y en ella se nos habla de un uso tradicional, y por tanto (según ellos) seguro...

Los franceses por el contrario no lo tienen tan claro, como muestra su estudio crítico sobre los 3 trabajos más citados sobre su presunta seguridad.

Tomado de: https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0168365923000524

Alhidrogel® y AdjuPhos® son adyuvantes a base de aluminio (ABA) que se dan como clínicamente aprobados, pero de hecho no lo están. Ni hay ABA aprobados para inyección intramuscular o subcutánea en humanos, ni existen requisitos para su aprobación, sino que se "aprueban" sólo como parte de preparados de vacunas, digamos que por costumbre.

Un trabajo que estudia su posible relación con los trastornos del espectro autista concluye que hay una falta de datos científicos fundamentales que demuestren que los ABA sean seguros y no induzcan ningún efecto secundario a largo plazo. 

Otro trabajo estudia su posible vínculo con la neuropatología crónica, concluyendo que parecería prudente intentar encontrar una alternativa a los ABA lo antes posible, y eliminar progresivamente su uso.

El tratado de Virología Médica de los argentinos Carballal-Oubiña señala los siguientes inconvenientes en su uso como adyuvante vacunal:

  • Induración/inflamación local
  • Ausencia de biodegradabilidad
  • Efecto "depósito local"

En este sentido, un estudio de 2021 muestra que las micropartículas de hidróxido de aluminio más grandes sólo pueden eliminarse en la piel mediante fagocitosis, y por lo tanto tienden a residir en el lugar de la inyección durante largos períodos de tiempo, formando un efecto de depósito...

Por contra, las nanopartículas de hidróxido de aluminio de menos de ~200 nm pueden captarse en la piel tanto mediante endocitosis como por fagocitosis, y luego eliminarse mediante migración celular. 

Ahora bien, el estudio señala que las nanopartículas más pequeñas también pueden acceder directamente a los vasos linfáticos, debido a su capacidad para entrar en las uniones entre las células endoteliales linfáticas.

Y aquí se detiene el estudio. Pero cabe preguntarse por el destino final de esas nanopartículas, pues por los vasos linfáticos circula la linfa que normalmente contiene agua, proteínas, glóbulos blancos y grasas, pero por la que durante las infecciones circulan también virus y bacterias, los cuales podrían adsorberse a las nanopartículas de gel...

¿Podrían acabar esas nanopartículas transportando virus o bacterias a zonas sensibles como el SNC aprovechando su conocida propiedad de poder atravesar la barrera hematoencefálica (BHE)...?

De ser así, los ABA podrían estar ejerciendo un efecto "Caballo de Troya" en la fortaleza de nuestro sistema inmune, siendo claves en procesos de autoinmunidad que involucran a los virus.



Lupus, herpesvirus y vacunas



El lupus eritematoso sistémico (LES) es una de las enfermedades autoinmunes más prevalente, caracterizada por un curso cíclico donde se alternan períodos de exacerbaciones y remisiones que pueden afectar a diferentes partes del cuerpo como la piel, las articulaciones, los riñones, el corazón, los pulmones y el sistema nervioso. 

Algunos de sus síntomas más comunes incluyen fatiga extrema, dolor en las articulaciones, inflamación, erupciones cutáneas en forma de mariposa en la cara, fiebre, pérdida de cabello y problemas renales. 

El lupus provoca normalmente cuadros leves, pero a veces se agrava. En España la prevalencia es de unos 210 casos por cada 100.000 habitantes, y afecta 9 veces más a las mujeres que a los hombres, diagnosticándose generalmente antes de los 30 años. Su etiología se desconoce. 

El virus de Epstein-Barr (EBV) perteneciente a la familia de los herpesvirus infecta a la mayoría de las personas en algún momento de sus vidas, y ha sido identificado en este trabajo como un factor ambiental que puede desempeñar un papel en el desarrollo y la actividad del lupus... 


Existe ya una amplia bibliografía sobre esa conexión. Así, en este otro trabajo los pacientes con LES muestran evidencia de una mayor reactivación del EBV...
Dada la amplia difusión del virus, se impone buscar más conexiones. El Dr Yehuda Shoenfeld participó en un estudio sobre 10 casos de lupus aparecidos tras la vacunación contra la hepatitis B que alertaba de una posible conexión entre la administración de esa vacuna y el desarrollo posterior de la enfermedad autoinmune.

El primer caso publicado de sospecha de lupus tras la vacuna de la hepatitis B se dio desde el Hospital de Badalona y fue ya en el año 1992, recién introducida dicha vacuna en España:

En VigiAccess aparecen en la actualidad 323 notificaciones de sospecha de lupus como posible efecto adverso tras la la vacuna de la hepatitis B, de la que hay 2 tipos, ambas recombinantes, pero una adyuvada con Hidróxido de aluminio y la otra con Sulfato hidroxifosfato de aluminio amorfo.

El citomegalovirus (CMV) es otro miembro de la familia de los herpesvirus que establece persistencia y latencia de por vida después de la infección primaria, y puede reactivarse más adelante. Varios estudios lo relacionan también con el lupus:

El CMV se ha relacionado ya con otras enfermedades autoinmunes como el Síndrome de Guillain-Barré, que a su vez aparece como efecto adverso documentado en las fichas técnicas de las mismas vacunas de la hepatitis B.

También la esclerosis múltiple se ha correlacionado con virus de la misma familia, y aparece también en las fichas de las vacunas de la hepatitis B, y también afecta más a las mujeres jóvenes...

Herpesvirus, aluminio, enfermedades autoinmunes... Un abismo infinito en el que investigar.


Porphyromonas gingivalis, aluminio y Alzheimer

 

Hay datos que apuntan a un componente infeccioso como causante del Alzheimer, involucrando a una bacteria que provoca infecciones en una zona cercana al cerebro: la boca.

Un estudio publicado en 2019 en la revista científica Science Advances revelaba que Porphyromonas gingivalis, el patógeno clave en la periodontitis crónica, la piorrea, está presente en el cerebro de pacientes con enfermedad de Alzheimer...

La SEPA (Sociedad Española de Periodoncia) se ha hecho eco de este estudio que pone en valor la importancia de una buena salud bucodental.

Al analizar la hipótesis de una posible etiología infecciosa en el Alzheimer, surge una pregunta del millón: ¿por qué hay mucha gente que padece piorrea pero en la que la bacteria no llega al cerebro, y por tanto no desarrolla Alzheimer? La bacteria bucal podría ser un componente necesario, pero no suficiente...

Del mismo modo, al profundizar en la teoría de que la enfermedad de Alzheimer podría desarrollarse como consecuencia del daño neurológico producido por el aluminio acumulado en el cerebro, propiciado por factores como aerosoles, implantes, prótesis o adyuvantes vacunales, hay otra pregunta que responder: ¿por qué hay muchas personas en las que se dan esos factores pero no les afectan y no desarrollan Alzheimer? El aluminio podría ser también un componente necesario, pero tampoco suficiente...

Ambas cuestiones enlazan con algo que ya hemos tratado aquí para el caso de la esclerosis múltiple y su relación con la infección por herpesvirus, y es el hecho de que el aluminio pudiera ser el gatillo que dispara la llegada de los herpesvirus a los nervios. Haciendo traslación de esta hipótesis, también podría ser que el aluminio abriera la puerta del cerebro a las Porphyromonas gingivalis. Veamos:

Los derivados del aluminio tienen un alto poder adsorbente, y de hecho se usan para adsorber virus y bacterias en muchas vacunas. Si a esto unimos su capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica (BHE), tenemos un vector de transmisión (carrier en inglés) digno de tenerse en cuenta.

Así, el incremento de los usos del aluminio en el interior del cuerpo humano podría estar detrás del incremento de varias enfermedades "postindustriales". La clave de muchas enfermedades neurológicas modernas podría estar en el acceso al sistema nervioso de unos patógenos que en principio deberían encontrar sus puertas cerradas, pero a los que el intervencionismo humano les estaría proporcionando una llave de aluminio.

Un campo de investigación apasionante; no para la cura, para la prevención.


La increíble historia de los adyuvantes vacunales

 


El concepto de adyuvantes para las vacunas va unido a la historia de la lucha contra la difteria, que en principio tuvo marcado acento alemán:


Edwin Klebs, Friedrich Loeffler y Emil von Behring

Edwin Klebs había identificado en 1883 la bacteria que causaba la difteria, que tras varios nombres se denominó Corynebacterium diphtheriae. En 1884 Friedrich Loeffler fue el primero en cultivarla y en demostrar que producía una exotoxina, que era la responsable del daño en la garganta. Emil von Behring ganó el primer Premio Nobel de Medicina en 1901 tras inocular la toxina tratada con calor a caballos de cuyo suero luego extrajo la antitoxina, es decir, los anticuerpos o inmunoglobulinas que la neutralizan.

Las vacunas antidiftéricas surgirían en 1925 de los trabajos independientes del veterinario francés Gaston Ramon y del inmunólogo británico Alexander Thomas Glenny, que trataron la toxina con formol obteniendo un producto no tóxico pero capaz de inducir anticuerpos que bloqueaban la toxina natural: era el toxoide de la difteria. El problema, al igual que con el toxoide tetánico, es que la reacción que generaba era de poca intensidad.

Gastón Ramón

Gaston Ramon descubrió en 1925 que los caballos vacunados contra la difteria tenían una respuesta inmune más fuerte si se desarrollaba inflamación en el sitio de la inyección. Esto le llevó a probar añadiendo al toxoide sustancias tan sorprendentes como pan rallado, aceite, agar o jabón...

Alexander Glenny

Fruto del azar, Alexander Glenny observó en 1926 que las vacunas contaminadas con restos de alumbre (sales de aluminio procedentes de los recipientes) estimulaban las respuestas inmunitarias, efecto que se perdía cuando las vacunas se fabricaban de manera más limpia. Este descubrimiento llevaría a que las sales de aluminio se convirtieran en el adyuvante más utilizado desde 1932 hasta la fecha, incluyéndose en muchas vacunas como las de la difteria, tétanos, tosferina, hepatitis, neumococo, papiloma...

Curiosamente, las vacunas virales vivas atenuadas como las del sarampión, las paperas o la rubéola (componentes de la triple vírica) no requerían ser adyuvadas con alumbre, como si el sistema inmunitario se preocupara por sí mismo de activarse para luchar contra estas infecciones sin requerir ayuda externa.

Por el contrario, el sistema inmune casi ni se inmuta cuando lo que se inyecta son virus inactivados o fragmentos de ellos o productos análogos sintéticos. Al adicionarles el adyuvante de aluminio, éste se encarga de generar una respuesta inmune, algo lógico teniendo en cuenta que este metal es totalmente ajeno al normal funcionamiento de los seres vivos, no conociéndose para él ninguna función positiva. No sólo eso, sino que su toxicidad es conocida, sobre todo a nivel neurológico

La base teórica del uso de los adyuvantes de aluminio en las vacunas es que el cuerpo, al encontrarse con este tóxico en su interior, ponga en marcha sus mecanismos de defensa para eliminarlo, y de paso también a los componentes de la vacuna que lo acompañan. Se busca un beneficio a través de un daño, algo así como "la letra, con sangre entra"...

Las sociedades vacunólogas pregonan la bondades de la vacunación adyuvada en los medios, pero fuera de ellos subyace un controvertido debate sobre la seguridad de su uso. Shoenfeld, experto en enfermedades autoinmunes, definió el síndrome autoinmune/inflamatorio inducido por adyuvantes (ASIA), un duro peaje para las personas que lo sufren...

Y es que al hablar de estimulación de la inmunidad inevitablemente aparece en escena la gran sombra de las enfermedades autoinmunes, aquellas en las que hay un aparente estado de sobreactivación del sistema inmune que le lleva a atacar a las células del propio organismo. 

El ataque a lo propio no es algo raro en el funcionamiento normal del organismo: nuestro sistema inmune trabaja constantemente para destruir las células cancerosas que surgen de continuo, algo que requiere un prodigioso equilibrio en su funcionamiento. De ahí la importancia de preservarlo.

Cronológicamente, el creciente uso de adyuvantes de aluminio y la creciente aparición de enfermedades autoinmunes siguen un curso paralelo. Las vacunas se usan para estimular la inmunidad, y los adyuvantes para potenciar ese efecto deseado frente a los antígenos de la vacuna, pero...

¿Y si el efecto estimulador del adyuvante se manifiesta en otras areas del organismo no esperadas ni deseadas...?, ¿y si en un punto se rompe el fino equilibrio entre la lucha frente a lo extraño o lo maligno y el respeto a lo propio...?

Las buenas intenciones no bastan. Cuentan los hechos. Y hay que investigarlos, como hace Shoenfeld.


Diabetes, enterovirus, aluminio y estadística

 

Un estudio finlandés publicado en Diabetologia en 2017 se une a otros anteriores que sugieren que los enterovirus pueden aumentar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 1 en niños.

Los enterovirus son un grupo de virus comunes que suelen causar enfermedades leves, como el  resfriado común o la enfermedad de manos, pies y boca.

La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune que daña las células productoras de insulina en el páncreas. Como otras, su incidencia aumenta cada año y su causa permanece no aclarada.

Los investigadores de la Universidad de Tampere en Finlandia analizaron muestras de heces de niños con desarrollo de diabetes reciente y de niños no diabéticos, buscando ARN de enterovirus como marcador de infección previa. El resultado fue positivo para el 80% del grupo de nuevos diabéticos, y del 60% para el grupo de control, una diferencia estadísticamente significativa.

Razonablemente, la autora principal Hanna Honkanen dice en Health que los padres no deben preocuparse por la exposición de sus hijos a los enterovirus, ya que parece haber múltiples vías para desarrollar diabetes tipo 1 y se necesitan factores adicionales. Quizá el mayor aporte de este trabajo sea la posible participación de un componente infeccioso en la diabetes.

Por otra parte, un estudio sobre la posible relación entre la diabetes tipo 1 y los adyuvantes de aluminio mostró que los pacientes expuestos a la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) tenían un mayor riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 1, aunque la diferencia aquí no resultó estadísticamente significativa.

Por suerte, ni todas las infecciones ni todas las inyecciones de adjuvantes de aluminio conducen a diabetes, al menos por sí solas. Y hace tiempo que se estableció la recomendación de evitar vacunar a una persona que tenga una infección activa.

¿Qué podría suceder si de forma inadvertida se diera la concurrencia de ambos factores?

Al detectar en nuestro entorno la aparición de 2 casos de diabetes mellitus tipo 1 con una aparente relación temporal con la administración de la vacuna del papiloma y con una posible infección concurrente, nos topamos con un muro aparentemente insalvable: no hay estudios previos sobre la posible interferencia entre adyuvantes de aluminio e infecciones como base para el desarrollo de enfermedades autoinmunes como la diabetes con los cuales poder comparar. 

Pero si esta causalidad fuese real, si la concurrencia de una infección y la inyección de un adyuvante a base de aluminio pudieran estar detrás del desarrollo de una diabetes mellitus, ¿lo habrían detectado los estudios anteriores por separado...?

Lamentablemente, la respuesta es negativa. Sólo un nuevo estudio en el que se evaluaran a la vez los dos factores podría encontrar significación estadística. Claro que para plantearlo habría que partir ya de la sospecha de esa doble causalidad, es decir, hay que presuponer el resultado y luego corroborarlo estadísticamente con el estudio.

La estadística es por tanto una herramienta de confirmación, pero no sirve para descubrir algo nuevo si no se tiene ya una base. La historia nos dice que para descubrir hay que observar, relacionar e intuir. La confirmación estadística, de llegar, lo hará posteriormente.


El asma y otras enfermedades autoinmunes

 

Ya mucha gente se ha ido dando cuenta de que los pacientes con asma suelen sufrir también otras patologías asociadas. He aquí unos ejemplos:

  • Este metaanálisis llegó a la conclusión de que los pacientes con asma tenían un mayor riesgo de artritis reumatoide en comparación con las personas sin asma.

  • En este otro trabajo, asma y diabetes también parecen estar correlacionados.
  • Y con respecto al resto de enfermedades autoinmunes, en este trabajo se llegó a la conclusión de que los pacientes asmáticos hospitalizados presentaron una serie de enfermedades autoinmunes y relacionadas posteriores.

Y en un reciente estudio observacional, se encontró una asociación positiva entre la exposición al aluminio relacionada con la vacuna y el asma persistente. 

Seguimos dando vueltas y parece que todo gira en torno a lo mismo.


EPOC, neumonía y Alzheimer

 


Ya un artículo de 2007 del N Eng J Med identificó un incremento del riesgo de neumonía en los pacientes con EPOC tratados con fluticasona inhalada frente a placebo. 

Tras la aparición desde entonces de un amplio número de estudios sobre el tema, la revisión de 2016 de la AEMPS sobre el riesgo de neumonía asociado a la administración de corticoides inhalados para el tratamiento de la EPOC concluyó que:

  • Se confirma el aumento de riesgo de neumonía en los pacientes EPOC que reciben tratamiento con corticoides inhalados.
  • No se confirma que el riesgo de neumonía se incremente al aumentar la dosis del corticoide.
  • No hay evidencia que indique diferencias de riesgo entre los distintos corticoides inhalados.

Queda establecido por tanto que con los corticoides inhalados aumentan las neumonías, pero esto no depende ni del tipo de corticoide ni de su dosis... Entonces, ¿qué está pasando aquí...? 

Según mi visión, los estudios de farmacovigilancia centran una vez más su mirada en los principios activos, y no tienen en cuenta algo que la mayoría de esos medicamentos tienen en común: inhalarse con ayuda de propelentes desde envases de aluminio. Un aluminio que en contacto con soluciones acuosas y a elevada presión podría pasar de aluminio metal a hidróxido de aluminio, y ser introducido junto con el fármaco en los pulmones. Y además diariamente.

Es decir, que todas las barreras que ya vimos que tenía nuestro organismo para defenderse de estos compuestos de aluminio de toxicidad ampliamente contrastada, podrían estar siendo directamente atravesadas no a través de una aguja o un implante dental o prótesis, sino por inhalación.

Aquí ya habíamos tratado la neurotoxicidad del aluminio postulada para el caso del Alzheimer. Pues resulta que se han publicado interesantes trabajos que encuentran un nexo entre la EPOC y el Alzheimer:

Una sombra de duda ante la que cabe preguntarse si los envases de aluminio son los más idóneos para los inhaladores de uso continuado.


Inconsistencias respecto al aluminio


El resumen de un trabajo publicado en Pediatrics comienza con esta contundente frase:

"El aluminio no tiene una función biológica conocida; sin embargo, es un contaminante presente en la mayoría de los alimentos y medicamentos". 

En la introducción se nos dice que "la mucosa gastrointestinal es excepcionalmente eficaz para prevenir la absorción", con lo que queda claro que la vía oral, que es la habitual de entrada, no es peligrosa. 

En el apartado de los líquidos de diálisis para enfermos renales es donde se aborda con mayor profundidad el tema de la toxicidad del aluminio, al fallar su eliminación renal. Es aquí donde se nos mencionan efectos como el "aumento de las concentraciones de aluminio en el cerebro, con demencia progresiva" en adultos, y cómo "pacientes pediátricos con enfermedad renal desarrollaron encefalopatía y tenían depósitos óseos de aluminio". 

En cuanto a los aditivos de la nutrición parenteral que contienen aluminio, se nos cuenta que pueden provocar toxicidad en el sistema nervioso central y los huesos. De hecho, hoy en día en España los viales de gluconato cálcico ya no son de vidrio sino de plástico, para evitar el paso de aluminio del vidrio al inyectable.

El artículo no encuentra peligroso el aluminio de las fórmulas de alimentación infantiles, ni el de los desodorantes.

Al llegar a las vacunas que contienen aluminio, que se inyectan y sobre todo a niños, y a pesar de citar una "respuesta inflamatoria crónica al adyuvante residual de aluminio en el sitio de vacunación que conduce a una constelación de síntomas neurológicos, que incluyen mialgia, artralgia, fatiga crónica, debilidad y problemas cognitivos", el efecto se relativiza porque "el número de pacientes con síntomas neurológicos informados es bajo en comparación con el número de individuos vacunados".  Aclaremos que en los individuos vacunados se incluye el 100% de los niños y jóvenes.

De hecho, la conclusión nº 5 dice: "Los adyuvantes de aluminio son extremadamente seguros y efectivos para producir una respuesta inmune con efectos adversos raros".

O sea que el artículo, dirigido eminentemente a pediatras, defiende primero que inyectar aluminio debería considerarse peligroso, y más en niños, y peor cuanto más pequeños, por su toxicidad para el sistema nervioso, pero luego defiende el uso masivo de las vacunas con aluminio, negando su asociación con los problemas neurológicos. ¿No es ésto un contrasentido...?

Por último, aunque no menos importante, el artículo reconoce la asociación aluminio-Alzheimer, aunque sin entrar a fondo en el asunto.


Aluminio y vacunas veterinarias

 

La toxicidad neurológica del aluminio, componente adyuvante de varias vacunas, está en la base de lo que Shoenfeld definió como el síndrome autoinmune/inflamatorio inducido por adyuvantes (síndrome ASIA), ligándolo a enfermedades autoinmunes del tipo de la esclerosis múltiple

¿Podría el ASIA afectar también a los animales...?

La respuesta nos la dio el Dr Lluis Luján desde la Universidad de Zaragoza, al describir en 2013 una forma del síndrome ASIA en ovejas relacionado con la inoculación repetitiva de vacunas que contienen adyuvantes de aluminio, ilustrado con la foto de una oveja afectada. 

El síndrome presenta una fase aguda que afecta a un 0,5% de los animales, aparece de 2 a 6 días después de una inoculación con adyuvante y se caracteriza por un episodio neurológico agudo con baja respuesta a estímulos externos y meningoencefalitis aguda. La mayoría de los animales aparentemente se recuperan después. 

A la fase aguda puede seguir una fase crónica desencadenada por estímulos externos, en su mayoría bajas temperaturas. Comienza con una fase excitatoria, seguida de debilidad, caquexia extrema, tetraplejia y muerte. Las lesiones microscópicas se relacionan en su mayoría con un proceso neurodegenerativo tanto en la columna dorsal como en la ventral de la sustancia gris de la médula espinal. 

El aluminio se detectó en el tejido nervioso de las ovejas del experimento, y el síndrome ASIA ovino imita en muchos aspectos las enfermedades neurológicas humanas ligadas a los adyuvantes de aluminio, por lo que el autor afirma que puede utilizarse como modelo.

Como muestra de vacuna veterinaria, la del virus de la lengua azul Zulvac contiene nada menos que 4 mg de hidróxido de aluminio y 0,2 mg de Tiomersal.


Alzheimer, Aluminio y Sílice (II)


En Alzheimer, Aluminio y Sílice (I) nos centramos en un estudio en el que la administración de agua rica en sílice reducía los niveles de aluminio en el cuerpo, y se acompañaba de una mejoría de los síntomas del Alzheimer en un grupo de pacientes.

No se conoce ningún papel biológico del aluminio. El objetivo de la Medicina Sustractiva es eliminar hábitos y prácticas que puedan ser nocivas para nuestra salud. Desde este punto de vista, si el acúmulo de aluminio a nivel cerebral pudiera estar participando en el desarrollo del Alzheimer, ¿qué posibles vías habría podido seguir ese aluminio para acceder al organismo? Veamos:

  • La absorción vía oral

Una vía de entrada que resulta evidente podría ser la ingesta vía oral, por ejemplo a través de varios medicamentos antiácidos compuestos de hidróxido de aluminio (MaaloxAcyline)...

Sin embargo, la vía oral no se considera peligrosa, puesto que la absorción intestinal del hidróxido de aluminio es casi nula, ya que reacciona con el ácido gástrico dando lugar a cloruro de aluminio. Ya en el intestino, los iones de aluminio forman con los fosfatos de la dieta complejos insolubles que se eliminan por las heces. El escaso hidróxido de aluminio que llega a absorberse se elimina vía renal.

  • La inhalación con el humo de tabaco

Entre los múltiples componentes tóxicos del tabaco se encuentran los metales pesados, entre ellos el aluminio. Poco que añadir a este vicio tan dañino para la salud como rentable para los gobiernos.

  • La absorción por la piel
Hay muchos envases de aluminio en cremas, desodorantes y perfumes. Sin embargo la piel representa una buena barrera defensiva y la absorción transcutánea de aluminio es muy baja (BFR).

Ahora bien, hay otras posibles vías de entrada que hasta ahora no se han analizado en profundidad, y cuya relevancia ha podido ir en aumento en los últimos años:
  • Inyección como adyuvante en vacunas
Investigadores como Shoenfeld asocian las numerosas inoculaciones conteniendo adyuvantes de aluminio en la infancia y juventud con la aparición de enfermedades autoinmunes y daño neurológico. Las personas mayores a las que más afecta el Alzheimer no suelen recibir tantas vacunas de ese tipo, salvo últimamente la del neumococo. Un tema para seguir investigando.
  • Implantes dentales y prótesis

Ambos productos metálicos están en contacto permanente con el medio interno del organismo, y por tanto encajan en un posible efecto acumulativo en el caso de que fueran liberando aluminio de forma constante. En el caso de los implantes dentales de aluminio, no habría peligro por su paso a la saliva, lo mismo que con los dentífricos, por la casi nula absorción digestiva que supondría, pero cabría la posibilidad de su difusión directa por la encía hacia el cerebro. Algo digno de estudiar.

  • Inhalación de aerosoles en envases de aluminio
Si la piel supone una buena barrera defensiva frente al aluminio de los aerosoles, su uso en forma de inhaladores podría en cambio permitir su entrada directa a los pulmones y la circulación. Hay muchas personas mayores con problemas respiratorios que usan a diario inhaladores con envases de aluminio, algo que encajaría con un posible peligro de acumulación y con la aparición tardía de la enfermedad de Alzheimer.

Esta última reflexión nos da pie para una 3ª parte: ¿Existe correlación entre patologías respiratorias como la EPOC y el Alzheimer...?


Alzheimer, Aluminio y Sílice (I)

 

La sílice (dióxido de silicio, SiO2) se encuentra comúnmente en la naturaleza y suele ser el componente principal de la arena. ¿Y si pudiera curar el Alzheimer...?

Puede sonar raro, pero también resulta llamativo que en esta publicidad de implantes de titanio se mencione que evitan los peligros del aluminio, como la enfermedad de Alzheimer...


Y es que en Toxicología se viene sospechando en las últimas décadas la existencia de una posible conexión entre la exposición humana al aluminio y la enfermedad de Alzheimer. El aluminio ahora debe considerarse un factor etiológico primario en la enfermedad de Alzheimer, reza un artículo publicado en 2017 en la revista Journal of Alzheimer's Disease Reports, ilustrando bien esa línea de investigación.

En términos prácticos, en el laboratorio de la Universidad de Keele se ha realizado un curioso experimento y publicado sus resultados: Agua mineral rica en silicio como prueba no invasiva de la 'hipótesis del aluminio' en la enfermedad de Alzheimer:

"Aquí estamos probando la hipótesis de que las aguas minerales ricas en silicio se pueden utilizar como métodos no invasivos para reducir la carga corporal de aluminio en personas con enfermedad de Alzheimer y un grupo de control formado por sus cuidadores y parejas. 

Hemos demostrado que beber hasta 1 litro de agua mineral rica en silicio cada día durante 12 semanas facilitó la eliminación de aluminio a través de la orina tanto en pacientes como en grupos de control sin ningún efecto concomitante sobre la excreción urinaria de los metales esenciales, hierro y cobre. 

Hemos proporcionado evidencia preliminar de que durante 12 semanas de terapia con agua mineral rica en silicio, la carga corporal de aluminio disminuyó en personas con enfermedad de Alzheimer y, al mismo tiempo, el rendimiento cognitivo mostró mejoras clínicamente relevantes en al menos 3 de 15 personas. 

Este es un primer paso en una prueba rigurosa muy necesaria de la 'hipótesis del aluminio en la enfermedad de Alzheimer' y ahora se justifica un estudio a más largo plazo que involucre a muchas más personas".

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Si la acumulación de aluminio en el cerebro tuviera relación con el desarrollo del Alzheimer, habría 2 posibles estrategias: disminuir su entrada y/o aumentar su eliminación. En esta 1ª parte hemos visto esta última estrategia con el experimento del agua rica en silicio, que quizá no sea tan fácil de conseguir como los complementos de sílice, de uso habitual por los naturistas. Un remedio sencillo, barato e inocuo para detoxificar el cuerpo de aluminio que dan ganas de probar...

Otra forma sencilla de eliminar aluminio del cerebro es la ingesta de cerveza, que aporta ácido silícico, la forma más biodisponible de sílice, que pasa del intestino a la sangre y luego al cerebro, donde por su afinidad por el aluminio lo extraerá y permitirá su eliminación posterior a través de la orina. La de mayor contenido es la cerveza rubia clásica, y lamentablemente la de menor es la sin alcohol. Así que con moderación...

En la próxima 2ª parte iremos al fondo del asunto, puesto que para que el aluminio pudiera causar daño, primero debería acceder al cerebro, y hay varias posibles vías de entrada, algunas no muy obvias.


Episodios de hipotonía e hiporrespuesta postvacunal



Según la AEP, recibe el nombre de episodio de hipotonía-hiporrespuesta (HHE) "la aparición brusca de hipotonía, hiporrespuesta, palidez y/o cianosis que ocurre en un niño durante las 48 horas posteriores a la administración de una vacuna". 

Estos episodios ocurren en niños menores de 2 años, y no tienen nada que ver con los síncopes vasovagales que aparecen en niños mayores. Son raros y la mayoría reversibles, pero hay casos en que quedan secuelas. 

La etiología se desconoce, pese a lo cual suele repetirse en webs y documentos vacunales que se asocia al componente pertúsico (tosferina) de la vacuna DTPe. Sin embargo, el análisis de varios trabajos publicados pone en evidencia que los casos de hipotonía también se han descrito para otras vacunas que no incluyen dicho componente:

Caso de hexavalente más neumocócica 13

Caso de pentavalente en Eslovenia

Caso con Bexsero

Caso de hexavalente y meningococo C en Argentina

Caso de pentavalente en Uruguay

Caso de meningococo B

Caso de hexavalente más neumocócica 13 en Zaragoza

Estudio con varias vacunas en Argentina

Estudio cubano con 25 pentavalentes, 1 antitetánica y una tétanos-difteria

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Este hecho nos debería llevar, según un principio básico de la Farmacovigilancia, a la búsqueda de otras posibles causas alternativas. Y resulta que un elemento común a todas esas vacunas es que contienen compuestos de aluminio como adyuvante:

También los llevan las vacunas de la hepatitis B sola sin combinar, que también se administran en las primeras semanas de vida, e incluso se han administrado el mismo día del nacimiento, con lo que una posible hipotonía post-vacunal podría pensarse erróneamente que era "de origen natural".

Ahora suele ponerse la 1ª dosis a los 2 meses y formando parte de una vacuna combinada, y de esta forma su administración no interfiere en la correcta evaluación del estado del recién nacido.