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Manosa: el azúcar enigmático

 

La manosa es un carbohidrato o azúcar simple que tiene la misma composición química que la glucosa, de la que sólo se diferencia en que un grupo -H y otro -OH tienen intercambiadas sus posiciones:

Pese a su extrema similitud, estos azúcares desempeñan roles muy diferentes en el metabolismo y la inmunidad humanas. Así, mientras que la glucosa es la principal fuente de energía para las células del cuerpo, el papel de la manosa ahí es poco relevante, pues se incorpora al metabolismo de la glucosa.

Por el contrario, la manosa y sus polímeros tienen un papel muy destacado en la capacidad del sistema inmunológico para distiguir entre lo propio y lo extraño, lo que hace que tengan interés en la investigación médica:

La simple ingestión de manosa puede interferir con la capacidad de las bacterias para unirse a las células del tracto urinario, ayudando a la prevención de la infección por un efecto "arrastre", y reduciendo así el riesgo de cistitis.
La manosa se encuentra en frutas como las peras y los arándanos, y verduras como las coles de Bruselas y las alcachofas, aunque resulta más eficaz tomarla en forma de suplemento.

En cuanto a los polímeros de manosa, llamados mananos, son unas cadenas de manosa expuestas y repetitivas que están presentes en la superficie de muchos microorganismos, y que actúan como un "marcador" que el sistema inmunitario interpreta como "ajeno".

Las células del sistema inmunitario innato como los macrófagos y células dendríticas tienen receptores de manosa, que identifican esas cadenas de manosa en la superficie de bacterias, virus u hongos, lo que ayuda a activar la respuesta inmunitaria y a promover su eliminación inmediata por medio de la fagocitosis. 


Se trata de una defensa muy básica, un "aquí te pillo, aquí te mato", pues a diferencia de lo que ocurre con los antígenos protéicos, la eliminación de los antígenos de carbohidratos no genera memoria, porque no involucra a los linfocitos T. ¿Qué explicación puede tener esto?

Una posibilidad fascinante es que dado que los carbohidratos también forman parte de las células humanas, aunque con patrones diferentes, hay cierta superposición estructural. Si el sistema inmunitario adaptativo desarrollara memoria contra antígenos carbohidratos de patógenos, podría aumentar el riesgo de que linfocitos B o T de memoria reaccionaran de forma cruzada contra carbohidratos propios similares, desencadenando respuestas autoinmunes.


Es como si el sistema inmune no sólo buscara atacar lo extraño, sino también proteger lo propio, minimizando errores catastróficos como la autoinmunidad. Una medida precautoria que el intervencionismo médico actual podría estar violando mediante la hipervacunación. 


COVID-19: Voluntarios que no se reinfectan


La revista Lancet acaba de publicar un estudio en el que a voluntarios sanos del Reino Unido de entre 18 y 30 años con infección previa por SARS-CoV-2, con o sin vacunación, se les inoculó SARS-CoV-2 por vía intranasal en dosis aumentadas gradualmente.

Después de ser inoculados, los voluntarios fueron puestos en cuarentena durante 14 días y monitoreados de cerca. El objetivo era encontrar una dosis capaz de infectar al 50% de los voluntarios con el virus...

Lo sorprendente es que a pesar de aumentar la dosis a 100.000 veces la cantidad inicial, los investigadores NO PUDIERON infectar de manera confiable a NINGUNO de los voluntarios con una infección sostenida por SARS-CoV-2, tan sólo con infecciones transitorias.

Los voluntarios con infección previa por COVID-19 demostraron una potente inmunidad protectora contra la reinfección. Es decir, que la INMUNIDAD NATURAL es ALTAMENTE POTENTE.

¿Qué sentido tienen entonces vacunar de COVID a quien ya lo pasó...?

Hay, además, otra posible conclusión: que la vía nasofaríngea no sea la vía principal de entrada de los coronavirus, sino que lo sería la vía ocular. Algo conocido hace ya tiempo.


COVID-19: Inmunidad cruzada en África

 

Según un interesante estudio realizado en el Centre International de Référence Chantal BIYA de Camerún y publicado en la Revista Frontiers, en ese país había inmunidad preexistente previa al COVID-19. 

En el artículo se destaca lo siguiente:

"Sorprendentemente, de la carga global general de COVID-19, una pequeña proporción de casos se reportó en África. El 22 de noviembre de 2022, se notificaron 12.697.321 casos, lo que indica el 1,97% de la carga mundial, y sugiere una gravedad mucho menor de la enfermedad".

"Hasta donde sabemos, no hay evidencia que explique claramente la baja gravedad de la COVID-19 en África, un continente que tiene el sistema de salud y las infraestructuras más débiles".

"Nuestro estudio demuestra la circulación de anticuerpos contra el SARS-CoV-2 en Camerún antes del brote de la enfermedad en 2019. Esto respalda firmemente la hipótesis de una posible inmunidad cruzada durante la pandemia. Esto también podría estar justificado por un contacto previo con otros coronavirus que comparten perfiles antigénicos comunes, que podrían ser HKU1, NL63, OC43 o 229E, si bien la circulación de estos coronavirus específicos nunca se había descrito en África Central antes del brote de COVID-19".

Para poner en contexto las cifras que cita el estudio, acudiendo a la base de datos de ourworldindata.org nos encontramos el siguiente mapa mundial relativo a los datos acumulados de muertes por COVID-19 en esa fecha de noviembre de 2022:


Y para la misma fecha, encontramos que los datos de vacunación con al menos una dosis de vacuna anti-COVID-19 eran los siguientes:

Vemos que, salvo en Asia meridional, en el resto del mundo prácticamente coinciden los países con más porcentaje de muertes por COVID-19 con los que más proporción de vacunados tenían a esa fecha. Es decir, que a mayor tasa de vacunación no había menos enfermedad y muertes, sino más. Es algo que ya vimos aquí para el caso de Nigeria, y que parece cumplirse en las 4/5 partes del mundo.

Otro dato curioso que muestra el estudio es que esta inmunidad preexistente frente al COVID-19 en Camerún parece similar entre los participantes infectados por el VIH y los no infectados. ¿Qué dirán los virólogos...?

En temas de salud, muchas previsiones se realizan basándose en algoritmos matemáticos cargados según conviene al diseñador del estudio. Luego, la realidad no tiene nada que ver con lo previsto, pero ¡quién se acuerda!

Algo parecido sucede con las previsiones del clima...


La vitamina D está de moda


A diferencia de otras vitaminas que debemos obtener necesariamente de la dieta, nuestro cuerpo puede sintetizar vitamina D gracias a la luz solar utilizando como precursor una forma de colesterol presente en la piel y con el que comparte una estructura química similar:

La radiación ultravioleta B (UVB) del sol induce la conversión del 7-dehidrocolesterol de la epidermis en previtamina D3, que luego se convierte en colecalciferol, más tarde en el hígado en calcidiol, y después en los riñones en la forma activa, el calcitriol:

La vitamina D previene el raquitismo, y actúa como una hormona promoviendo la salud ósea regulando la absorción de calcio y fósforo en el intestino y los huesos, la homeostasis mineral, la función cardiovascular y neuromuscular, la expresión génica y la respuesta inflamatoria.

Otro papel fundamental es el inmunológico. De hecho, muchos estudios apuntan a que la menor producción de vitamina D durante el invierno por la menor exposición al sol favorece el desarrollo de las afecciones respiratorias. 

En los últimos tiempos, muchos expertos vienen aconsejando insistentemente la determinación de niveles de vitamina D y recomendando su elevación mediante suplementos vitamínicos, que desgraciadamente no están exentos de efectos adversos, como la hipercalcemia.

Pero, ¿por qué recetar y sobrecargar lo que el propio cuerpo puede fabricar? ¿No es acaso mucho más lógico y natural que el propio cuerpo se autorregule, proporcionándole algo tan simple como una alimentación equilibrada, incluyendo pescado azul (rico en colecalciferol), y un rato diario de paseo al sol y al aire libre...? 

En plena pesadilla COVID se estudió la relación entre los niveles bajos de vitamina D y la gravedad de la enfermedad, y en medio de la vorágine se prescribió sin evidencia, porque "algo había que dar"...

Pero al mismo tiempo se confinó a la población sana en sus casas, se encerró a los abuelos en las residencias, se prohibió salir a la calle (excepto a por tabaco y a pasear al perro...), y la Policía persiguió a los senderistas por los parques y las playas... 

Es decir, se proscribieron las actividades sanas que permitían de forma natural aumentar los niveles de vitamina D y potenciar el sistema inmune. ¿Alguien lo entiende...?


El síndrome de Stevens-Johnson



El síndrome de Stevens-Johnson (SJS) es una enfermedad grave y potencialmente mortal que afecta a la piel y las membranas mucosas. Sus síntomas iniciales son similares a los de la gripe. Después se desarrolla una erupción cutánea que progresa a la formación de ampollas y erosiones en la piel y las mucosas, incluyendo los ojos, la boca, la nariz y los genitales, pudiendo aparecer síntomas sistémicos.

Junto con la necrólisis epidérmica tóxica (NET), son enfermedades asociadas con una reacción inmune grave y potencialmente mortal a ciertos medicamentos: sulfonamidas, algunos antibióticos, vacunas, antiepilépticos y antiinflamatorios no esteroides (AINEs). 

En principio se trata de medicamentos con actividades farmacológicas y mecanismos de acción diversos. ¿Dónde puede estar el nexo que los una...?

Echando un ojo a las fichas técnicas de los fármacos inyectables con los que más se ha asociado el SJS, y en concreto a esos componentes de los medicamentos tan olvidados casi siempre como son los excipientes, encontramos cierto patrón:

Cotrimoxazol (Soltrim)Diazepam (Valium)Diclofenaco (Voltaren) y Piroxicam (Feldene) contienen Alcohol bencílico, con un grupo alcohol (OH):


Digoxina y Fenobarbital  (Luminal), junto nuevamente con Diazepam (Valium)Diclofenaco (Voltaren) y Piroxicam (Feldene) contienen Propilenglicol, con dos grupos alcohol:


Otros fármacos involucrados como Dexketoprofeno (Enantyum), Ketorolaco (Toradol) y los contrastes iodados no iónicos contienen Trometamol, una amina primaria con 3 grupos alcohol: 


Por otra parte, la Penicilina benzatina (Benzetacil) y el Pembrolizumab (Keytruda) contienen Polisorbato 80, formado por ésteres de polialcoholes:


El SJS también se ha asociado en menor grado a infecciones víricas, bacterianas y con enfermedades autoinmunes. Una de las líneas de este blog es explorar la posible conexión entre las enfermedades del sistema inmune, los virus y los excipientes farmacéuticos: la interferencia inmunológica.

El campo para seguir investigando se ensancha hacia el infinito.


Trasplantes, inmunosupresores y cáncer

 

Ya en una anterior entrada del blog tratamos el tema de la vigilancia inmunológica, es decir, el control del desarrollo de tumores por parte del sistema inmunitario.

Ahora, el Boletín del Grupo de trabajo Farmatrasplante de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria de mayo de 2023 trae la revisión "Proceso oncológico tras el trasplante". Los datos son impactantes:

La incidencia de cáncer en los receptores de trasplantes de órgano sólido es superior a la de la población general y es mayor al aumentar los años postrasplante:

  • 1 año postrasplante: 1-2%
  • 5 años postrasplante: 5-6%
  • 10-15 años postrasplante: 11-20%
  • 20 años postrasplante: 32%

Entre las causas que pueden conducir a la aparición de cáncer tras el trasplante de órgano se encuentra el uso de fármacos inmunosupresores, necesarios para evitar el rechazo del órgano. Se ha demostrado que su uso durante un largo periodo tiempo y/o a dosis elevadas puede aumentar su incidencia.

Los mecanismos que intervienen en el desarrollo de neoplasias debidas al uso de estos fármacos son variados:

  • La inmunodeficiencia a largo plazo puede aumentar el riesgo de neoplasias malignas provocadas por la activación de oncovirus latentes, como son el virus Epstein-Barr (VEB), el virus del papiloma humano (VPH) o el virus de la hepatitis C (VHC) entre otros.
  • La mayoría de los fármacos inmunosupresores tienen un mecanismo de acción inespecífico que provoca que se reduzca la inmunovigilancia de las células neoplásicas. Esto facilita la proliferación de estas células.
  • Algunos de los fármacos inmunosupresores tienen propiedades prooncogénicas al reducir la reparación del ADN, la angiogénesis y aumentar la invasividad celular.

Como ya vimos en el uso de células madre, tampoco son todo luces en las terapias de trasplante, y la sombra del cáncer es alargada.


Niveles de anticuerpos engañosos

 

El número de noviembre de 2022 de la revista Cells trae un estudio con un evidente conflicto de intereses comerciales, pero que expone una realidad científica: para evaluar el estado de inmunización de un individuo sería mucho más adecuado medir sus células B de memoria en lugar de los niveles de anticuerpos:

"El objetivo del monitoreo inmunológico es definir la existencia, magnitud y calidad de los mecanismos inmunitarios operativos en un huésped. En los ensayos clínicos y la práctica médica, la evaluación de la inmunidad humoral se limita comúnmente a mediciones de la reactividad de anticuerpos séricos sin tener en cuenta el potencial de células B de memoria. Sin embargo, se debe distinguir la inmunidad pasiva transmitida por anticuerpos preexistentes de la memoria activa de células B. En este estudio se probó si, en individuos humanos sanos, los títulos de anticuerpos contra antígenos del SARS-CoV-2, la gripe estacional o el virus de Epstein-Barr correlacionaban con la frecuencia de células B de memoria recirculantes reactivas con los respectivos antígenos. Se encontraron correlaciones débiles. Los datos sugieren que la evaluación de la inmunidad humoral mediante la medición de niveles de anticuerpos no refleja la frecuencia de células B de memoria y, por lo tanto, el potencial de un individuo para participar en una respuesta de anticuerpos anamnésicos contra el mismo virus o uno relacionado antigénicamente. El monitoreo directo del compartimento de células B de memoria reactivas al antígeno es necesario y factible para lograr ese objetivo".


El mito de los errores del sistema inmune

 

El sistema inmune funciona a través de procesos de regulación y retroalimentación que llevan a identificar y neutralizar a agentes patógenos y otras sustancias extrañas peligrosas para el cuerpo. 

En ocasiones el sistema inmunológico aparenta desequilibrarse y se muestra hiperactivo o subactivo, lo que puede resultar en enfermedades autoinmunitarias o infecciones crónicas, respectivamente:

    1. Hiperactividad del sistema inmune: las enfermedades autoinmunes

En las enfermedades autoinmunes como el lupus o la artritis reumatoide, el sistema inmunológico parece funcionar de manera inapropiada al atacar a las células y tejidos propios del cuerpo. Suele afirmarse que el sistema inmune se está equivocando y que esas enfermedades son consecuencia de su error. ¿Estamos ante una afirmación científica o ante un mito...?

En mi opinión, esa afirmación tan común supone una antropomorfización del sistema inmune, al atribuirle la capacidad de tomar decisiones o juicios conscientes, cuando en realidad no deja de ser un sistema biológico que, aunque altamente complejo, no puede equivocarse porque simplemente no piensa.

Por otra parte, tanto las células infectadas por virus como aquellas que se han vuelto anormales como las células cancerosas son también células propias del cuerpo, y las células del sistema inmune como las natural killer (NK) y los linfocitos T y B pueden reconocerlas y eliminarlas. Por tanto, el hecho de atacar al propio cuerpo no puede considerarse en sí un mal funcionamiento del sistema inmune, puesto que es parte de su "modus operandi".

Si no hay error ni disfunción, la lógica nos lleva a que los desequilibrios observados en las enfermedades autoinmunitarias podrían tener su causa en agentes externos, y estar asociados por ejemplo con infecciones virales previas o crónicas, algo que se ha demostrado ya para muchas de ellas:

  • El virus de la hepatitis C y casos de hepatitis autoinmunitaria y síndrome de Sjögren.
  • El virus Epstein-Barr (EBV) y casos de lupus eritematoso sistémico, esclerosis múltiple y enfermedad de Graves.
  • La bacteria Porphyromonas gingivalis y casos de atritis reumatoide.
  • Enterovirus y casos de diabetes tipo I.
  • ...
Evidentemente no todas las personas que están expuestas a estos virus desarrollan enfermedades autoinmunitarias, y debe haber otros factores involucrados en su desarrollo. Hemos tratado ya aquí la hipótesis de la posible implicación de los adyuvantes vacunales, campo en el que como con todos los medicamentos nos movemos siempre en el filo del balance beneficio-riesgo. 

Otra interesante hipótesis que veremos en una próxima entrada del blog es la de la higiene, que propone que la exposición a gérmenes en la infancia ayuda al desarrollo del sistema inmunitario, ayuda que en la sociedad industrial se está perdiendo desde hace años.

    2. Subactividad del sistema inmune: el SIDA

En otras situaciones, como el SIDA, el sistema inmunológico se ve comprometido y se vuelve incapaz de luchar contra las infecciones de manera efectiva. 

Luc Montagnier descubrió el virus VIH, pero también que la mayoría de pacientes infectados con él no desarrollaban el sídrome de inmunodeficiencia, lo que le llevó a postular la necesaria implicación de otros "cofactores" necesarios para llegar al SIDA, factores externos como la exposición a toxinas.

Hoy nadie duda de que para mantener un sistema inmunológico fuerte y equilibrado lo mejor es llevar un estilo de vida saludable.

El desequilibrio inmunitario puede ser un factor subyacente en muchas otras enfermedades, y aparte de por tóxicos y otros factores ambientales, también puede verse afectado por el estrés, la dieta o la falta de ejercicio. Errores nuestros, no del sistema inmune.


Nuevos datos sobre COVID-19 e inmunidad natural


En este trabajo publicado en el Lancet, la infección natural previa se asoció con una menor incidencia de infección por SARS-CoV-2 que la vacunación primaria con cualquiera de las 2 vacunas de ARNm, independientemente de la variante: 

La inmunidad natural es, por tanto, superior a la que se alcanza artificialmente mediante los productos de ARNm o cualquier otro, hecho que constituye el axioma principal de la Inmunología. 

De hecho, la OMS ya no recomienda los refuerzos generalizados. Pasemos página.


¿Por qué nos resfriamos?

 


La sabiduría popular ya lo había explicado de forma clara y concisa: "cogemos frío por una bajada de defensas", y ahora en este artículo se nos explica con términos más técnicos:

Fondo

El tracto respiratorio superior humano es el primer sitio de contacto para los virus respiratorios inhalados y elabora una serie de respuestas inmunitarias innatas. La variación estacional de las infecciones virales respiratorias y la importancia de la temperatura ambiente en la modulación de las respuestas inmunitarias a las infecciones han sido bien reconocidas; sin embargo, los mecanismos biológicos subyacentes siguen sin estudiarse.

Objetivo y Métodos

Investigar el papel de las vesículas extracelulares (EV) derivadas del epitelio nasal en la inmunidad antiviral innata dependiente del receptor tipo Toll 3 (TLR3), así como el efecto de la temperatura ambiente fría en la inmunidad antiviral dependiente de TLR3.

Resultados

Las potentes funciones de defensa inmunitaria antiviral mediadas por EV estimuladas por TLR3 se vieron afectadas por la exposición al frío a través de una disminución en la secreción total de EV, así como una disminución del empaquetamiento de microARN y la afinidad de unión antiviral de las EV.

Conclusión

Las EV epiteliales nasales dependientes de TLR3 exhiben múltiples mecanismos antivirales innatos para suprimir las infecciones virales respiratorias. Además, el estudio proporciona una explicación mecánica cuantitativa directa de la variación estacional en la prevalencia de infecciones del tracto respiratorio superior.


Vamos, lo que ya sabíamos, que los virus nos afectan más en invierno porque con el frío hay una bajada de defensas.


Linfocitos B de memoria frente a los coronavirus

 Vídeo de María Luisa García Alonso, farmacéutica especialista en Análisis Clínicos:


Resumen de su investigación y su propia experiencia:                                             (gracias a R.O.)

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

¿Por qué no me contagio a pesar de los contagios? Porque tengo protección por los linfocitos B de memoria que me dieron otros coronavirus.

¿Por qué tuve PCR positiva y no salen anticuerpos en mis analíticas? Porque el laboratorio solo mide anti-S y yo me he defendido con anticuerpos frente a la proteína N.

¿Por qué me he contagiado a pesar de haberme vacunado? Porque no hay una respuesta real de memoria en los vacunados.

¿Por qué me he contagiado a pesar de haber pasado el COVID? La inmunidad depende de mi situación, puede bajar y volver a infectarme.

He pasado el COVID, ¿Estoy inmunizado? Sí.

Estoy vacunado dos o tres veces ¿Estoy inmunizado? No.

CONCLUSIONES

La mayoría ya tenemos inmunidad de linfocitos T y NK

Nuestra inmunidad actúa preferentemente sobre la proteína N encargada de la replicación viral impidiendo su avance.

Puedes haber pasado la infección y no tener anticuerpos anti-S, pero sí tendrás anticuerpos anti-N aunque no te los midan.

Si has pasado una infección por coronavirus antes de la pandemia, puedes tener inmunidad cruzada protectora.


¿Nos están avisando los herpes?

 


No se menciona en las fichas técnicas, pero ya es más que evidente que uno de los efectos de las vacunas de ARNm es la reactivación de los herpes virus que permanecían latentes en los ganglios sensoriales tras una primera infección por el virus de la varicela-zóster.

La Razón se hacía eco del trabajo español publicado en el British Journal of Dermatology afirmando que "un mecanismo plausible es que una fuerte respuesta inmune específica contra el SARS-CoV-2 o la proteína S de las vacunas puede distraer el control celular de otro virus latente".

Un enfoque coloquial digno de "Érase una vez el Cuerpo Humano", según el cual los linfocitos reales parece que fueran en sus naves y pudieran despistarse si ven una proteína que esté de buen ver...

Apunta el artículo que "la vacuna contra la Covid-19 puede reactivar el herpes zóster debido a la bajada de defensas que puede provocar cualquier vacunación". Llegamos pues al meollo del tema: "Al disminuir la inmunidad, algo que puede ocurrir de manera natural con la edad avanzada o debido a medicamentos o enfermedades que causen una disminución de las defensas, los virus latentes pueden reactivarse y dar lugar al herpes zóster". 

Es decir, se nos está diciendo que estos medicamentos, que se han diseñado para generar anticuerpos contra la proteína S del SARS-CoV-2, pueden bajar las defensas y disminuir la inmunidad natural. Es algo ya postulado en otras investigaciones, y relacionado con el concepto de vigilancia inmunológica.

La reactivación de los herpes podría ser por tanto una llamativa señal de alerta de la erosión de la inmunidad innata por la acción de las vacunas de ARNm. Algo preocupante.


Supresión de la inmunidad innata por vacunas de ARNm

En researchgate encontramos este trabajo que propone el deterioro en la señalización del interferón tipo I como mecanismo explicativo para los efectos adversos observados con las vacunas COVID de ARNm, para las que concluye que su balance beneficio/riesgo resulta negativo.

Frente a nuestro enfoque por el lado de los anticuerpos anti-PEG y la activación del complemento, aquí siguen la línea de los restos de ARN y proteína S. Y es que dada la compleja composición de estos fármacos, los mecanismos implicados pueden ser muy diversos.

Este resumen ya da una idea de todo lo que estos investigadores sospechan que subyace bajo las largas listas de efectos adversos reportados al sistema VAERS: 

ABSTRACT

"Las vacunas de ARNm contra el SARS-CoV-2 salieron al mercado en respuesta a la crisis de salud pública del COVID-19 ampliamente percibida. La utilización de vacunas de ARNm en el contexto de enfermedades infecciosas no tenía precedentes, pero los tiempos desesperados parecían requerir medidas desesperadas. 

Las vacunas de ARNm utilizan ARNm modificados genéticamente que codifican proteínas espigas. Estas alteraciones ocultan el ARNm de las defensas celulares, promueven una vida media biológica más larga para las proteínas y provocan una producción general más alta de proteína espiga. Sin embargo, tanto la evidencia experimental como la observacional revelan una respuesta inmune muy diferente a las vacunas en comparación con la respuesta a la infección por SARS-CoV-2. Mostraremos que las modificaciones genéticas introducidas por la vacuna son probablemente la fuente de estas respuestas diferenciales. 

En este trabajo, presentamos la evidencia de que la vacunación, a diferencia de la infección natural, induce un profundo deterioro en la señalización del interferón tipo I, que tiene diversas consecuencias adversas para la salud del ser humano. Explicamos el mecanismo por el cual las células inmunes liberan a la circulación grandes cantidades de exosomas que contienen proteína espiga junto con microARN críticos que inducen una respuesta de señalización en las células receptoras en sitios distantes. También identificamos posibles alteraciones profundas en el control regulador de la síntesis de proteínas y la vigilancia del cáncer. 

Estas perturbaciones muestran tener un vínculo causal potencialmente directo con la enfermedad neurodegenerativa, miocarditis, trombocitopenia inmune, parálisis de Bell, daño hepático, inmunidad adaptativa deteriorada, aumento de la carcinogénesis y daño al ADN. La evidencia de los informes de eventos adversos en la base de datos VAERS apoya nuestra hipótesis. Creemos que una evaluación integral de riesgo/beneficio de las vacunas de ARNm las excluye como contribuyentes positivos a la salud pública, incluso en el contexto de la pandemia de COVID-19".

Por tanto, según el equipo formado por Stephanie Seneff, Greg Nigh, Anthony Kyriakopoulos y Peter A Mccullough, el precio de sacrificar la inmunidad innata para conseguir la inmunidad adquirida mediante las vacunas de ARNm, no saldría a cuenta. El debate sigue abriéndose.


Más sobre la inmunidad natural


La fe en los medicamentos es actualmente "religión oficial" en casi todo Occidente, y el culto a las vacunas se ha convertido en su máximo exponente. Sólo hay que enchufar la caja tonta para comprobarlo.

Habría por tanto que considerar casi una herejía la recopilación de 144 artículos científicos realizada por el Instituto Brownstone que avalan la inmunidad natural frente al COVID-19.

El caso es que han sido publicados por revistas tan ortodoxas en cuestión de "fé científica" como The Lancet, Nature, Science, New England...

Bien harían los periolistos, sumos sacerdotes de la Nueva Vacunología, en dejar un rato sus tertulias y monólogos y echarle un ojo al gran trabajo recopilatorio del epidemiólogo Paul Elias Alexander, aunque dado el nivel de los nuevos obispos y obispas, igual no entendían ni los títulos.

Ora pro nobis

COVID-19: Inmunidad frente a reinfección

 


Una carta al editor del New England Journal of Medicine del 23 de diciembre de 2021 sobre la severidad de las reinfecciones por SARS-CoV-2 en comparación con las infecciones primarias en Qatar, nos transmite una gran noticia: para una persona que ya ha tenido una infección primaria de COVID-19, el riesgo de tener una reinfección grave es 100 veces menor que el de una persona no infectada.

¡La inmunidad natural funciona!

Fuente: DignidadParaTo2


Inmunidad y cáncer

 

El sistema inmune humano es una maquinaria complejísima perfectamente engranada para proteger a ese "todo" formado por billones de células y bacterias que constituye el individuo.

Muchas veces tendemos a pensar en el sistema inmunitario meramente como protector contra las infecciones, no prestando tanta atención a su otra función fundamental: la prevención del cáncer.

El control del desarrollo de tumores por el sistema inmunitario se conoce como "vigilancia inmunológica", y se pone de manifiesto en varios hechos:

  • La desaparición espontánea de pequeños tumores.
  • Tumores primarios que se mantienen años bajo control sin desarrollar metástasis.
  • Mayor incidencia de tumores en personas mayores con el sistema inmune debilitado.
  • Inmunodeficiencias que cursan con elevada frecuencia de tumores.
  • Fármacos inmunosupresores que provocan aumento de la frecuencia de tumores.

Sí. Inhibir el sistema inmune conlleva el riesgo latente de provocar consecuencias similares al efecto ahora conocido del humo del tabaco, que suprime las funciones antitumorales de las células NK (Natural Killer) del sistema inmune innato, favoreciendo así el desarrollo de tumores.


Así, en los últimos años se están ensayando y usando de forma creciente para el tratamiento de enfermedades autoinmunes fármacos dirigidos a inhibir el aparente exceso de actividad inmunitaria, como los anti TNF, con los que ya se ha observado un incremento en la aparición de linfomas. Y empiezan a aflorar otros casos con otros medicamentos.

Al tratarse de una iatrogenia a medio-largo plazo, desarrollada a lo largo de meses y años, la detección de los efectos adversos puede escapar a los cortos periodos de estudio de los ensayos clínicos, y sólo evidenciarse ya en pleno uso normal tras la comercialización.

Se está incidiendo mucho en la búsqueda de causas directas tanto hereditarias como medioambientales que expliquen el constante incremento del cáncer en edades cada vez más tempranas, pero... 

¿No será que lo que está fallando es el sistema inmune, machacado por el consumo masivo de productos que alteran nuestras defensas naturales?


Inmunidad y COVID-19

Dos noticias muy positivas en relación con la inmunidad frente a los coronavirus:


1. La infección leve con SARS-CoV-2 en los seres humanos induce una sólida memoria inmunitaria humoral, duradera y específica de antígeno (Nature 7867).


2. Las personas que han tenido exposición al coronavirus, incluso aunque hayan dado negativo en las pruebas de COVID-19, pueden tener "memoria inmunológica" (Nature 7884).


Inmunidad natural, vacunas y memoria

 


El debate entre inmunidad natural (pasar la enfermedad) y artificial (vacunación) tiene recorrido cero. Es como el debate entre la lactancia materna y la artificial. No hay color. Lo natural gana por goleada, quedando lo artificial como un recurso cuando lo natural no está disponible o está contraindicado.

El asunto lo ilustra bien el hecho de que para el COVID-19 los laboratorios de serología permiten determinar dos tipos de anticuerpos IgG, que son los que perduran tras una infección: IgG anti-proteína S (proteína espiga) e IgG anti-proteína N (proteína del núcleo):

  • En el caso de un inmunizado por vía natural, que ha pasado la enfermedad, el resultado será positivo para ambos anticuerpos: IgG anti-proteína S e IgG anti-proteína N.
  • En el caso de los "vacunados", el propio cuerpo es obligado a fabricar la proteína S con la idea de que luego fabrique los anticuerpos anti-proteína S. Si el fármaco ha sido efectivo, el posterior análisis serológico encontrará IgG anti-proteína S, pero no encontrará IgG anti-proteína N, ya que no ha habido contacto con el núcleo del virus.

A simple vista vemos pues que la inmunidad natural es más completa, y esto se acentúa por el hecho de que en un coronavirus hay muchos otros epítopos contra los que el organismo crea sus defensas, como la proteína E (envuelta), la proteína M (membrana) y la HE (hemaglutinina-esterasa), junto a lípidos y ARN, mientras que con la "vacuna" tan sólo se aspira a que se cree una defensa contra una proteína S.

Las vacunas, como todos los fármacos, pueden tener efectos positivos y negativos. El balance beneficio/riesgo en la vacunación debe ser mucho más estricto que con otros fármacos, pues se vacuna a gente sana que quizá nunca iba a contraer la enfermedad.

Las "vacunas COVID" no son inocuas. Según el 8º Informe de Farmacovigilancia, un alto porcentaje de las reacciones adversas graves que han generado, incluidas las mortales, ha tenido lugar en personas jóvenes que se hallaban fuera del rango de edad de mayor mortalidad del virus. 

Es un tema duro, y más lo puede ser en el caso de los niños, que a pesar de que se han mostrado inmunes a los coronavirus, hay profesionales y sociedades científicas que están recomendando su inoculación. En la lejana Suecia se han establecido indemnizaciones, pero, ¿cuál es el precio de la vida de un niño...?

Vayamos ahora con la memoria. 

Una función esencial de los anticuerpos es la de "marcar" al antígeno para que pueda ser atacado por otras partes del sistema inmunitario, como los linfocitos T o el complemento. Una vez que el antígeno ha desaparecido del cuerpo, la misión de los anticuerpos ya no es necesaria y van desapareciendo.

Y menos mal, porque los anticuerpos son proteínas de la clase globulinas, de un tamaño considerable, y si no desaparecieran de nuestra sangre tras cada infección, ésta se iría espesando mortalmente. 

¿Quiere esto decir que la inmunidad adquirida desaparece con ellos...? Afortunadamente no. La memoria real de nuestro sistema inmunológico no reside en los anticuerpos, sino en las células T y B de memoria, que no pueden medirse pero persisten muchos años. De hecho, esta realidad ha sido la base de la vacunación tradicional.

El sistema inmune, un tema apasionante del que nos queda muchísimo por aprender.